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Relatos :: Kike Turrón

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Una carta que no es de amor, un rock que no es roll.

Hubiese preferido que jamás nos hubiésemos conocido, no haberte refugiado en la retina de mis ojos para alojarte para siempre en el baúl de la memoria. Hubiese preferido, como te digo, que no hubieses perdido tu tiempo conmigo, aunque sabía de sobra que, en el fondo, para ti no era perderlo. ¡Qué ciego fui al cruzarme en tu mirada!

Hubiese preferido no haber hecho ese viaje en avión a la isla donde nos conocimos. Ya sé que estábamos trabajando los dos, ya sé que estábamos llamados a encontrarnos, a compenetrarnos, tus ojos, los míos, tus manos, mi boca... Hubiese preferido que mis oídos no hubiesen escuchado nada cuando me preguntaste mi nombre. Hubiese preferido haber evitado ese cruce de adrenalina que surgía cuando nuestras pupilas se chocaban.

Hubiese preferido no haber amanecido ese día de verano, pero la verdad es que no me había acostado. Hubiese preferido que tú no lo hubieses notado, que mis ojos enrojecidos no hubiesen causado en tus profundísimas retinas ese sonoro tilín que hizo que su atención se adueñara de mí. Hubiese preferido también que no me hubieses escogido de entre tantos pretendientes como tenías en aquel enorme aeropuerto: ¡había que ver cómo te miraban todos! Sí, con descaro al pasar, contemplando con admiración tus curvas, tu porte, tu traje, tu clase. Tu sudorosa piel morena.

Hubiese preferido, y no me duele repetirlo, que jamás nos hubiésemos conocido.

Hubiese preferido que el destino hubiese errado y que en el momento en que pasaba por delante de ti hubieses estado mirando al suelo, o al cielo, que estaba bien despejado, bien azul y bien bonito. Cupido tiene buena puntería, ¡vaya si la tiene!

Yo pensé todo esto mientras me llevabas, con disimulo, a un discreto rincón: ¿Cómo te llamas?

Hubiese preferido que tú tampoco te hubieses levantado de la cama ese día, imagino que dejando a tu familia en casa con la incuestionable excusa de que ibas a trabajar, dejándoles allí, engañados, entre magdalenas y naranjas y café y el calor del hogar, o quizá bajo el aire acondicionado, porque aún hoy recuerdo que era un recio verano.

Hubiese preferido que no me hubieses preguntado a ver de dónde venía, porque yo sabía de sobra que tú no eras de allí, de aquella islita. Hubiese preferido no haber escuchado ese acento tuyo de andaluz disimulado, camuflado y adulterado…

Hubiese preferido no haber sabido que para ti la forma de andar o de vestir de alguien, su forma de hablar o de mirar, su forma de desenvolverse y otros tantos detalles de cada individuo significaban tanto… Yo tenía todo eso, aunque tú buscabas algo más. Hubiese preferido que no me hubieses escogido a mí, insisto. Hubiese preferido no haber reunido todas las exigencias que reconoces debe tener alguien para que te enganche, para que le quieras tener a tu lado.

Hubiese preferido no haber escuchado tu precipitación al preguntarme que si hacía mucho que no me duchaba, fuiste tan directamente al grano que me cortaste… pero ahí estaba yo, cortado, sin saber ya dónde meterme, casi seguro de tus intenciones.

Hubiese preferido no haberte visto allí, nada más bajar del avión, con mi mochila a la espalda, que había que verte: con una frescura y una naturalidad envidiable, tan en tu sitio, tan a tu manera, ¡como para no fijarse!

Hubiese preferido que no te hubieras interesado por los asuntos que me hicieron llegar hasta allí, la isla, llegar hasta ti.

Hubiese preferido que no te hubieses interesado por mi grupo de rock o por mi inexistente laboro, por mi lugar de nacimiento o por mi edad, por mi familia… creo que lo nuestro era una cosa entre tú y yo, nada más.

Hubiese preferido que lo que tú ansiabas no lo hubieses encontrado en mí, al fin y al cabo nos acabábamos de conocer hacía unos minutos, pero tú ibas al grano.

Nadie nos presentó aunque tu decías, para llenar hueco en tu particular monólogo, que yo te sonaba de algo, que si no nos habíamos visto antes... seguro que eso se lo dirás a todos, pensé.

Hubiese preferido que tus manos no me hubiesen recorrido de esa manera, primero por los brazos y el pecho, luego la espalda, deteniéndose en rincones y palpando mis curvas.

Entonces tus manos se escurrieron hasta mis piernas, primero una y luego otra, aunque antes, antes de bajar, tuviste tiempo para calibrar mi entrepierna... ¡que parecía que hacías aquello desde siempre!

Hubiese preferido que no hubieses guardado lo mejor para el final.

Hubiese preferido que no me hubieses puesto tan nervioso cuando me llevaste al rinconcito aquel. No me lo podía creer hasta que me vi a tu lado, caminando juntos por aquellos encerados suelos del aeropuerto sin importarte quién nos mirase, con tus pasitos al lado mío, que no me cogiste de la mano por el qué dirán, creo. Sé que tratabas de darme importancia, aunque yo miraba al suelo, que eso es lo que tú tenías que haber estado haciendo cuando nos cruzamos nada más bajarme del avión.

De sobra sabíamos que no era la primera vez que hacíamos algo así, tú por tu lado y yo por el mío. Hubiese preferido que hubieses disimulado al acompañarte, aunque a ti eso te daba igual: era yo lo único que te interesaba en aquel momento, aquella mañana de sábado calurosa, yo, un don nadie, ni tan siquiera uno más.

Hubiese preferido no haber traspasado aquella cortinita marrón y no haber pasado a aquel cuartito, que no era nada coqueto, que, la verdad, era frío y desangelado, pero eso nos daba igual porque tú y yo íbamos a lo que íbamos y para eso, tú siempre lo dices, da lo mismo el lugar. Hubiese preferido no haberme sentado en el banco de madera oscura que me esperaba junto a una de las paredes de nuestro improvisado nidito, ni haberme descalzado, ni haberme puesto un poco nervioso.

Hubiese preferido que no me hubieses mirado tan atentamente como lo hiciste, tratando de atravesarme con tus ojos castaños, tratando de ver, quizá, mis huesos. Sólo hablabas lo justo.

Hubiese preferido que hubieses vuelto la cabeza con cierta vergüenza cuando me despojé de mi última prenda. Hubiese preferido, por ti, sobre todo, haber llevado ropa interior limpia, pero es que ni siquiera llevaba, ya te digo que no había dormido.

Hubiese preferido que no me hubieses dicho en el último momento, antes de irme definitivamente de tu lado, antes de verte por última vez en mi vida, antes de que lo tuyo y lo nuestros terminase para siempre nada más empezar, digo que me cuesta y sé que te hará daño al leerlo, pero me hubiese gustado que no me hubieses dicho que me agachase e hiciese una flexión para ver si llevaba droga en el culo, ¡hostia!, que ya me habías registrado todo el puto equipaje de arriba abajo más de dos veces, que lo tuve que recoger todo yo solo, que perdí hora y media por tu culpa, picoleto* cabrón, que no encontraste ná, que no te comiste una mierda, asqueroso: me juzgaste por mi pinta, me condenaste sin razón, tu trabajo es una vergüenza pero tu actitud lo es mucho más.

* A la Guardia Civil (cuerpo milico-policial) se la denomina popularmente así.

Kike Turrón.



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