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Relatos :: Kike Babas

A Turmix no le llevéis flores pdf

Fulminante. Tal que un jueves de hace escasos meses llegaba un mensaje solicitando ayuda para Kike Turmix, que estaba muy jodido de salud (cáncer de hígado) y que ya sabíamos que no había plan de pensiones que le avalase, tal que el domingo de ese mismo mes llegaba un definitivo mail avisando que el Turmix había muerto. Era el 17 de Octubre de 2005, tenía apenas 48 años.

Joder, se ha muerto el “Gordo”. Tardan en asimilarse estas cosas, joden el día.

No cabe, tratándose del Turmix, la frase derrotista del no somos nadie. Es mentira. Kike fue alguien y, para algunos y en algún momento concreto e irrepetible de nuestra vida, un ejemplo a seguir. Me explico, que la muerte siempre obliga a explicarse: Kike Turrón y yo, cuando rondábamos la veintena abandonamos los estudios y decidimos que viviríamos de “la música”, sin saber a ciencia cierta lo que significaba o suponía. Buscando referentes no sólo hicimos un santuario de nombres míticos foráneos, de Johnny Thunders a Hunter S. Thompson, sino que también tuvimos nuestras fijaciones cotidianas, ídolos de andar por casa. Se nos llenaba la cabeza de una imaginería particular donde se flipaba por igual con Orioll Llopis que Ignacio Juliá, Jaime Gonzalo y Roberto Iniesta, Josetxo Ezponda y Alberto García Alíx, Santi Carrillo, Jesús Ordovás, Javier Corcovado y Diego Manrique. Gente que vivía de ello. En ello. Turmix, claro, fue en aquellas otro pater putativis.

Lo teníamos claro: queríamos ser como ese señor que esnifaba tanto, comía tanta carne y tenía una colección de discos que te cagas. Y vivía de esto a tiempo completo. Eso era un héroe de carne y hueso, y no Lou.


De izq .a der.: Nora Findley, Mike Sobieski, K. Turrón, Erick, K. Babas y K. Turmix. Sala Yasta 1989

La primera vez que vi a Turmix fue en un concierto de los Pleasure Fuckers en el Universal Club en 1989. Yo tenía 19 años y aquello me cambió algunos conceptos. Francamente, fue un crack. Yo no había visto en directo ese concepto de punk rock, había leído de él, tenía algún disco de Stooges y New York Dolls, pero pensaba que en directo el punk se transformaba irremediablemente en raca-raca calimochero. Los Fuckers me demostraron que no era así: la violencia sensual de Norah, el glamour infeccioso de Sobieski, los berreos de jabalí herido del Turmix... Al final del concierto, con una botella de güisqui que se había ido pimplando, borracho y satisfecho, Turmix se tiró al público, haciendo moshing sobre la escasa peña de la primera fila. Peña que éramos Kike Turrón, mi escuálido amigo Eric y yo. ¡Joder! Nosotros estábamos flacos y él era muy, muy gordo... por puro acto reflejo de supervivencia nos quitamos. Nos apartamos y se metió una ostia ¡Pero una ostia! Aún lo recuerdo en el suelo con un rebote que te cagas. La gente lo fue a ayudar pero él no se dejó, chillando borracho tras caer de boca desde el escenario. Una inmensa masa sudorosa esparramada en el suelo y sin soltar la botella.

¡Mecagondios eso era el punk rock!

Me hice adicto a los Fuckers. No sé ni la de veces que les pude llegar a ver en directo. Aprendí un montón de ellos. La fiesta de Halloween la conocí por ellos. Sus versiones, reflejo del buen gusto punkrockista del Turmix, fueron llevándome a impagables originales (The Pagans, Dead Boys, etc, etc). Qué agradecido les estoy por ello.

A medida que fui estableciéndome en esa heterogénea comunidad de “los de la musica”, me fui enterando que Kike Turmix era mucho más que el erudito y orondo punk-rocker que berreaba con Mike y Norah. Cuando le vi en la primera rueda de prensa de Negu Gorriak en Madrid, en el 91, abrazado a Fermín Muguruza, me dije: “Claro, es el Turmix, conoce a todo dios”. No sería hasta años después, entrevistando largamente a Julián Hernández para un libro sobre Siniestro Total, que el vigués me contaría la importancia de Kike en los irritantes ochentas madrileños, los de los mods, los de las hornadas.


K. Turrón, K. Turmix, F. Muguruza, K. Babas, primera rueda de prensa de Negu Gorriak en Madrid, 1990

En estas se fue yendo el personaje y fue llegando la persona, aunque su romántica y quijotesca singladura no siempre ayudase a distinguir una cosa de la otra. El trato afable, correcto y paternalista; la mirada esquiva a los ojos; la sentencia musical siempre tajante, tantas veces polémica. Con nosotros se portó bien: se dejo entrevistar, nos invitó a conciertos, nos dio “promo” de su sello Safety Pins y en el quinto aniversario del Buitre No Come Alpiste (¡aquella linda costumbre, Turrón!) se presentó con los Fuckers y un nombre de tapadillo para hacer media docena de incendiarias versiones. También supe de su intransigencia musical, para él Nick Cave y Camarón eran una babosada, y los que fumábamos porros cometíamos otra babosada. De todas formas a veces dio en el clavo y supo adelantarse a las modas: fue el primero en traer a Jon Spencer. Él era más de cocaína que de speed, así que no tengo ningún recuerdo de w.c. A mi el punk rock me gusta un poco, para él era su vida. Qué usual y entrañable se me hizo verle de amistosa colada en los escenarios de otros: chillando coros con viejas leyendas australianas y emergentes estrellas escandinavas. Qué típico ir a hacer una entrevista -de Mark Arm a Lisa Kekaula- y que al presentarme dijeran: “Ah! también te llamas Kike, como el Turmix”. Qué nostálgica mueca al recordar una “eruditísima” discusión en torno a Ramones y Stooges entre Turmix y J.F. León en el acto de homenaje a Joey celebrado en la FNAC. Creo que por encima de todo fue fan; que proviene de fanático.

Luego vino el ataque al corazón y su pública banca rota. Qué infantil quedaba para entonces nuestra visión primigenia del personaje. Qué puta es la vida si no llevas nada escrito en las bragas.

A la última entrevista que quedamos, hace año y medio o más, no apareció, nos hizo llegar hasta la puerta de su casa (un cubículo malasañero de penetrante olor a vinilo) y le tuvimos que llamar al móvil para que nos dijese que se le había ido la pinza y que estaba en Bilbao montando no-sé-qué-festi. Coja se va a quedar ahora la historia oral del punk de este país sin sus declaraciones.

No recuerdo la última vez que le vi, no estuvo en Nancy Sinatra, así que debió ser en el remedo de MC5 que se paseó por El Arena. Sí, fue en El Arena donde le pregunté por el aparatejo que le habían puesto para seguir bombeando: “¿Qué tal niño? ¿Cómo llevas la lavadora?”. Se rió, claro. No hablamos más.

No pude darle un beso a Marga (su viuda) en el tanatorio y tampoco estuve cuando ella esparció sus cenizas por Malasaña. Me hubiera gustado ir al Garage Sónico a brindar una última vez, con su urna y con el Josele Santiago, Iñigo Munster, Carlos Subterfuge, Barnaby Bowles, Manolo UVI y los demás. Tampoco, como pidió expresamente Marga, mandé ningún ramo de flores (tampoco se me hubiera ocurrido mandarle flores al Turmix, sería una babosada). De ahí estas palabras, a modo de emotiva y sentida despedida.

Kike Babas.

Pd: Me voy a permitir un chiste con todo el cariño del mundo: ¿Será capaz el servicio de limpieza del ayuntamiento de baldear posteriormente tal cantidad de ceniza esparcida por el estrecho vericueto malasañero? Mucho Kike...

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