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Burning  [22439 páginas vistas] | Sin conciertos | Noticias | Mp3 | Web Oficial | Sin datos de contratación

Procedencia:   Madrid - Madrid
Estilo:   Rock


Burning

LOS ORÍGENES .-

Fue en el Madrid de 1.972, Pepe Casas "Risi" (voz y guitarra), Enrique Pérez "Kike" (también voz y guitarra) y Ernesto (batería) formaron un trío en el barrio de La Elipa. Por aquel entonces aún no se llamaban Burning, sino "algo así como "Los cuadros divinos" pero en inglés", Risi "dixit".
Una de sus primeras actuaciones de aquella época fue en un programa de radio de Encarna Sánchez llamado "Esto es España... señores". Parece ser que el resultado no fue demasiado bueno, pero obviamente, para ellos fue un paso adelante.
Cantaban en inglés, pero en un inglés inventado. Ninguno de ellos conocía esta lengua, cogían palabras sueltas que les sonaban y las iban soltando una detrás de otra. Según sus propias palabras aquello parecía una mezcla de inglés y ruso.
Más tarde se les unió Antonio Martín "Toño", (marcharía del grupo, por voluntad propia, en el 82), un futbolista que Risi conocía de su barrio. Tras una juerga en un mesón Risi le pidió que entrase en el grupo. Antonio dejó su equipo de fúbol, se compró un bajo Framus y se les unió, primero como bajo, puesto que no tardó en dejar para convertirse en la voz del grupo, dejando el bajo a Enrique.
Alquilaron un "cuartucho" en el barrio de Carabanchel por 2.000 pelas al mes, allí empezaron a ensayar en serio. Fue allí donde compusieron "I"m Burning". Les gustó tanto que decidieron, en enero del 74, llamarse BURNING.
Unos malos rollos con el dueño del local provocaron que les echaran de él. Encontraron otro bastante mejor por 3.500 pelas al mes, allí podían ensayar sin problemas... pero aún no se decidían a actuar en serio.
En aquella época su repertorio estaba compuesto por un 50 % de temas de los STONES y otro 50 % de temas propios. De los Stones tocaban el "Jumpin Jack Flash", "Gef Off My Cloud"... Suyos, entre otros, "I"m Burning" , "Johnny B. Goode", "Like a shot", "Rock"n"roll"...
Frente al local donde ensayaban tocaba otro grupo, uno de sus componentes era Johnny Cifuentes que le daba a los teclados. Le convencieron y en un par de semanas trasladó sus cosas al local de los Burning.
A partir de este momento empezaron a tocar un poco más en serio. Su primer concierto lo dieron en septiembre del 74, en una discoteca de Carabanchel llamada Red Gold.
A partir de ese momento empezaron a tocar con frecuencia por Madrid y hasta llegaron a participar en el primer Festival Maratón de Música que se celebró en Burgos.
En marzo de 1.974, dentro del sello Gong creado por Movieplay, se editó su legendario primer sencillo: "I"m Burning" / "Johnny B. Good" que, en su momento, hizo bastante ruido.
Poco después vio la luz su segundo sencillo, al que por cierto censuraron la portada, "Like a shot" / "Rock"n"roll", la primera de ellas incluida en el recopilatorio "Viva el rollo", (Gong-Movieplay), junto a material de otras bandas de la primera oleada del llamado "Rock madrileño".
En 1.976, el servicio militar de Risi puso punto final a la primera etapa de Burning.
Tras cumplir la mili, el retorno de Pepe Risi inagura un nuevo ciclo en el devenir del grupo. Marchó Ernesto del grupo y su puesto en la batería lo ocupa "Teto", miembro que dio gran fuerza al grupo.
Acaban fichando por Belter, en su sello Ocre y trabajan con un nuevo productor, J. Vendrell, que sabe sacarles un mayor partido. Los resultados de unas sesiones en abril de 1.978 en los madrileños estudios Kirios se publican en su primer y esperado LP.

23 AÑOS DE ROCK AND ROLL.-

El más "incendiario" y a la vez incombustible grupo de rock que ha dado Madrid surgió a mediados de los setenta (1974) en el calor del barrio de La Elipa. Lo hacían para "ligar", según confesaban ellos mismos, pero también, por supuesto, porque sus vidas eran el rock.
La voz aterciopelada y chulesca de Toño Martín, la stoniana guitarra de Pepe Risi y el piano "honky tonkie" de Johnny se juntan para romper con los divos rosas y los grupetos de la canción del verano que mandaban en la época. Y surge esa "leyenda de cuero y fuego forjada en la fragua de los Rolling Stones" como les definió con su peculiar grandilocuencia Miguel Ríos. Rolling, sí, pero también los New York Dolls de Johnny Thunder, o Patti Smith, o Lou Reed.
Mientras el general Franco agonizaba en El Pardo, y cantando todavía en "inglés vallecano", dan a luz singles inencontrables con el "Johnny be good" de Chuck Berry, o con el "I"m burning" de su propia cosecha, que es ya toda una declaración de intenciones. Luego, en 1978, el LP "Madrid" representa el primer intento serio de un rock cantado en español que, fiel a las esencias llegadas de EEUU y de Inglaterra, quiere abrir las puertas a lo autóctono, a lo que enseguida sería llamado "la movida madrileña".
Ramoncín, Alaska, Loquillo, Gabinete Caligari, entre otros, reconocen la fuerte influencia de los Burning, que en esa larga trayectoria que aun hoy no ha terminado, dan al aire una equilibrada mezcla de canciones de rock guitarrero y rotundo junto a tiernas o ásperas báladas de amor y a temas más poperos y bailables.
Las canciones de Burning giran siempre en torno a vivencias propias o cercanas, a los asuntos eternos del rock and roll cantados en clave personal, trágica, romántica o festiva: las chicas, los amigos, la noche, las copas, y, sobre todo en su primera época, también las drogas, el mundo suburbial de la prostitución, los yonquis, los sueños líquidos. Siempre todo narrado entrañablemente, incluso cuando las canciones se vuelven críticas hacia las secuelas de la heroína y nos hablan de la destrucción del hermano ("Hermano", 1983) o de la amiga ("Cristina" , 1985), o de la violencia del barrio ("Chueca", 1987).
En 1979 graban su tema estrella, "Qué hace una chica como tú en un sitio como este", que por su calidad musical y también por el hecho de incorporarse a la banda sonora de la película del mismo nombre, les catapulta a una fama tan relevante como -a esos niveles de éxito- efímera.
En realidad, los Burning nunca han podido, casi a su pesar, desmarcarse de esa canción maestra, inevitable en todos sus conciertos tanto como el "Johnny be good" de C. Berry, y todavía a fines de los años 80 Pepe Risi reconocía en una actuación en el madrileño Rock Club que era "una canción que hemos tirado a un rincón, pero a un rincón dorado".
El LP "El fin de la década", de ese mismo año, desarrolla temas claramente "stonianos" en lo literario y en lo musical, punteos de guitarra, la voz arrastrada y sensible de Toño, historias cálidas de amor nocturno, nacidas del coqueteo del propio grupo con las drogas, con la "nieve". Como patrón, el Let it bleed y el Sticky finger de los Jagger y Richards.
En 1980, una nueva propuesta cinematográfica, la banda sonora de "Navajeros", da como resultado el LP "Bulevar", donde, si la temática de muchos temas gira alrededor de El Jaro, el joven delincuente vallecano, los aires musicales se aligeran, y varias canciones se remarcan con estribillos muy característicos, que apuntan ya a la incipiente "movida" del Foro.
Burning actúa en estos años del fin de los setenta y principios de los ochenta en festivales, clubs... Sin ser un grupo de éxito masivo, se les reconoce como renovadores del rock madrileño y nacional, y como les cantaba Loquillo poco después, "Pepe Risi había matado el silencio en las calles de Madrid".
Pero la historia de Burning es también la de una supervivencia a su propio malditismo. Toño Martín, el carismático cantante, abandona la banda y la música en 1982 -quiso cambiar de vida y su marcha se produjo por voluntad propia y no porque fuera despedido por sus compañeros como se aseguraba, no hace mucho, en un diario de tirada nacional. El grupo, lejos de despedirle, quedó cabreado por su marcha-. Marchó para iniciar un viaje de ida y vuelta desde las trampas del mundo urbano a la placidez de la vida rural y otra vez a la gran ciudad, Barcelona, donde moriría años después alejado de todo, ajeno a su propia leyenda.
Sólo que el rock no se detiene, y Pepe Risi y Johnny tiran del carro, retoman su vocación más stoniana, asumen las voces por mitad, como almas gemelas un poco huérfanas, y se echan de nuevo a la carretera, a desparramar ese sonido de "belleza sucia" tan inconfundible, tan de banda de barrio curtida en mil tocatas por el lado oscuro de las ciudades, de los rincones perdidos de los pueblos, entre copas y humo de cigarros, donde viven los sueños, donde surgen los amores fugaces e imposibles.
En 1990, el rock "auténtico" se pone de moda en los despachos de las ejecutivas discográficas, y la llamada de una multinacional coloca de nuevo a Burning, como en una segunda juventud, en el escaparate de los medios, con un disco en directo que recoge lo mejor de su trayectoria. En esos años salen de las cuevas, de los garitos, y llenan pabellones deportivos. Pero las ventas no están,. como no podía ser de otro modo, a la altura de las esperanzas de la empresa, y Burning vuelve a la independencia, a la noche, a los pequeños locales donde dan siempre lo mejor de sí.
En 1992, el excepcional disco "No mires atrás", destilando todas las esencias de dos décadas de rock and roll, anuncia una nueva etapa que aparentemente se verá truncada en 1997 por la muerte por neumonía del propio Pepe Risi, con solo 42 años, el mismo día de mayo que se había llevado años atrás a Toño, y aun en plenitud de facultades musicales aunque con la salud muy quebrantada por la vida en la carretera, por esas "fiestas magníficas en que lo hemos pasado fetén", como le recordaba el propio Johnny el día de su muerte.
Y pese todo, en otra pirueta de resistencia, de amor eterno al rock and roll, Johnny, el único superviviente de la formación original de 1974, sigue adelante con su viejo teclado Yamaha y con los jóvenes miembros que se habían unido a Burning en los años finales: Carlos Guardado al bajo, Eduardo Pinilla a la guitarra.
Con sus temas históricos ya conocidos en toda España ( la "Chica...", "Mueve tus caderas", "No es extraño que tú estés loca por mí", "Es especial", "Una noche sin tí"....) y otros dejados en maqueta por el propio Risi, o compuestos en estos últimos meses entre todos , pasean una vez más su mensaje rockista, su invitación a la noche, a la amistad, a la celebración de la gran fiesta del rock and roll.
Tiene inevitablemente que haber momentos para la nostalgia, para las lágrimas, para el recuerdo a los grandes músicos que fundaron Burning y que se fueron para siempre. Pero también tiene que haber impulso adelante. "No pares de bailar" , como dice uno de sus temas.
No, el rock no para, no puede parar: se caería. Quienes como Burning -Johnny, Carlos, Eduardo- conocen su secreto, saben que ha de recomenzar cada vez de nuevo, en las primeras notas de cada canción. Y siempre con el corazón puesto en la garganta, en la voz, en las manos que tocan hasta la extenuación la guitarra, el saxo, los tambores...

DE AYER Y DE HOY .-

Si buscamos las claves de Burning hacia atrás, hay una fecha, principios de 1972; un lugar, el madrileño barrio obrero de La Elipa, junto a Ventas; y unos personajes: los adolescentes Quique Pérez, un joven "dylaniano" que tocaba la guitarra y amaba ya a los Stones, y José Casas "Risi", carismático muchacho de inefable sonrisa que casi nació ya pegado a la "negrita" Gibson Les Paul que le acompañó hasta morir.
Quique es quien enseña la música sajona a su adolescente amigo: nada que ver con las folclóricas, las canciones de verano y los plúmbeos cantautores que se escuchaban por aquí. Y reclutan a otro colega siempre cambiante -Burning nunca ha logrado tener un batería estable- para formar un trío que se divierta y se ligue las mejores nenas del barrio, pero haciéndolo desde la elegancia cheli y "underground" que da el saber versionear a Deep Purple, Free, los Rolling. Nada que ver con la España oficial que sucede en el centro de la ciudad, aún abotargada bajo los yugos, las flechas y la tecnocracia del anciano general.
Burning no existía aún, sino un grupeto llamado algo así como "Los cuartos divinos" (en inglés). Risi es ya un imán para todos, en cuyas redes musicales van cayendo cuantos le rodean. Antonio era otro chico de La Elipa con quien Pepe había compartido juergas y borracheras en las tabernas, y cuya mayor pasión era ¡el fútbol!. Risi le puso un bajo eléctrico en las manos para completar la banda, y como pronto se vio que tenía mucho más talento con la voz, Quique se encargó del bajo y Toño se convirtió en una extraordinaria voz solista y, quizá contra pronóstico, en el "alter ego" compositivo de Risi, remedando el dúo Casas/Martín a los Jagger/Richards del otro lado.
Pero Risi sigue inquieto, y en los locales de ensayo convence a Juan Antonio "Johnny" Cifuentes para que abandone su propio grupo y se una a los nacientes "Burning", como pianista, instrumento que curiosamente hasta entonces nunca había tocado. En enero de 1974 ya tienen su nombre de toda la vida, "BURNING", que según Quique se debe a que el día que bautizaron la banda hacía mucho calor, y según Toño, siempre más lujurioso, porque eran "los más calientes" de todos.
La verdad es que no hay muchos sitios donde tocar. Quitando las ocasionales matinales de la sala "M&M", precursora del rock español, apenas están las fiestas de los pueblos, con un público no siempre roquero, ni complaciente: Burning son a veces apedreados, como en Colmenar. Por no hablar de la peligrosa discoteca "Red Gold" de Carabanchel, donde los guardaespaldas intentan mantener a raya a los navajeros, y se suceden las riñas por la posesión de las seductoras vestidas de leopardo.
Pintan bastos a todos los niveles: los BURNING han editado dos singles en inglés, con problemas de censura por sus poses "glam", y la crudeza de las letras de su nonato LP "Sólo para mujeres" les deja en la calle sin discográfica y con algunos miembros haciendo el servicio militar. El mismísimo Toño suple a Risi tocando en esos meses la guitarra, en un intento solidario de evitar la disolución de la banda, y Pepe, cuando logra permiso en el cuartel, se incorpora a su grupo. Hay poco dinero, pero mucho entusiasmo por la música, y cuando uno de los baterías flaquea, Toño se le encara y le dice: "¿Tú estás aquí por el rock o por la pasta?". Poco después el "batera" elige los estudios y se marcha.
Pero Burning, valga la redundancia, está forjado a prueba de fuego. La mili acaba, las cosas mejoran, y entre 1978 y 1980, los años más fértiles de la banda, en que viven todos juntos compartiendo drogas, historias de novietas y lances del barrio, salen tres LPS, Madrid, El fin de la década, y Bulevar. Los dos primeros de clara estirpe "stoniana" con pinceladas punkys, "velvet", e incluso sinfónicas; y el último, un dificultoso y parcial coqueteo con la nuevaolera movida madrileña, que se combina con los ásperos textos sobre "El Jaro", y tampoco traiciona al rock, como demuestra la contundencia de los riff de guitarra de Risi.
Los BURNING tienen una fórmula, un estilo propio, pero los mercados van por otro lado y no quieren saber nada de héroes de barrio vestidos con chupas de cuero. Molan más los chándales, la pijería, incluso los excéntricos ataviados de pose technicolor. Los BURNING no saben bien hacia donde tirar, y como suele ocurrir en estos casos, cada músico va hacia un lado distinto, y el conjunto se desgarra. La heroína, para colmo, se está cobrando ya su oscuro tributo , y es motivo de distanciamiento.
Quique ya se ha ido, vencido por una historia que se le ha hecho demasiado grande; Toño está más enganchado que nadie, y se ha metido en una burbuja de genialidad en la que rumia sus historias más íntimas y personales: su paternidad, su separación, la droga como tótem en que concentra toda la rabia de su amor y su odio. El grupo no le sigue, está paralizado en medio del camino, mientras Toño, cantando mejor que nunca, cada vez más Lou pero menos BURNING, elabora la portada y graba casi en solitario el enigmático Atrapado en el amor (1982), aunque debamos recordar que el magnífico y estremecedor Hermano lo ha compuesto en solitario Risi. El disco, sin parangón en la discografía española, excepcional bajo el punto de vista de la visión del drama íntimo de la vida, pero apenas reconocible como un disco de BURNING, casi no se vende. La crisis está servida en todos los flancos: personal, musical, existencial.
Poco después, en el invierno de 1983, cuando Antonio, Pepe Risi y Johnny, que ya no conviven ni se ven a menudo, se juntan para cobrar los derechos de autor, y recalan para reponer fuerzas y gastarse parte de las "pelas" como acostumbran en la cervecería Santa Bárbara, se produce un episodio confuso y crucial: Toño, de improviso, invita a Risi a marcharse con él y el bajista a Bilbao. La invitación no se extiende a Johnny, que premonitoriamente en la portada de Atrapado en el amor ha quedado fuera, relegado por Toño a la otra cara. Y es que las relaciones entre el teclista y el cantante están rotas, según Johnny porque él le reprocha con mayor acidez su dependencia al jaco y el cambio musical -nos falta la versión del propio Toño, ya ausente para siempre-.
Risi duda, pide tiempo, atrapado ahora él también en ese doble amor a Johnny y Antonio. Hay una cuestión formal: en Bilbao ya no podrán ser BURNING, porque en el ínterin Johnny ha registrado el nombre del grupo para sí. Y Risi toma la difícil decisión de mantenerse junto a Johnny, con lo que ello implica de decir adiós al carismático colíder de la banda. No sabemos lo que pesó más en el ánimo de Risi, tal vez el ver a Antonio caminando demasiado deprisa hacia el precipicio. Pero las relaciones personales de Pepe y Toño nunca cesaron, y Antonio pernoctó muchas veces en la casa de Risi en sus escapadas a la capital.
Por lo que hace a la banda, Toño deja Burning y su ciudad de siempre, Madrid, arrastrando en su viaje a Bilbao al nuevo bajista, Manolo Fernández, que se ha echado una novia bilbaína; y ambos intentan allí sin éxito editar una maqueta de la que no hemos vuelto a tener noticias. Desanimado del mundo de la música y preso de sus propios fantasmas, se reinventa a sí mismo refugiándose en el pueblo de Briviesca (Burgos) donde pretende rehacer, lejos de las drogas, su matrimonio roto con Esther (en los tiempos más bellos había compuesto para ella No es extraño que estés loca por mí) y su paternidad con su hijita Penélope (¡Loco por ti, Penny!).
Demasiado esfuerzo para Antonio, forjarse una nueva personalidad bucólica y bienpensante a partir de un noctámbulo, gamberro y algo melancólico hijo del asfalto de Madrid. Pepe Risi, que le lloraba desde allí ("Una noche sin ti"), ya le advierte que el cambio es imposible: ("Creo que la corbata a ti no te va..."). Pero él lo intenta, y cuando BURNING se acerca a tocar a la mismísima Briviesca en 1984, en un momento especialmente dramático , acude a escuchar a su banda de siempre, como un espectador más, junto a su mujer; pero, a pesar de las peticiones de Risi y el clamor del público, se niega a subir a cantar, y permanece sentado. Ha renunciado a la música. Y Toño trabaja en la peluquería de su mujer, en el ayuntamiento, en la construcción del acueducto -único período en que, según dicen sus allegados, fue feliz-, y finalmente se convence él mismo de que tiene que volver a la ciudad. La gran ciudad. Por desgracia, allí le esperan de nuevo los fantasmas, y finalmente la muerte.
Con el adiós de Toño, en 1983, hay un momento en que Pepe Risi piensa que no puede tirar del carro solo, que BURNING ya no existe. Pero finalmente, apoyado en Johnny, surgen unas nuevas voces, un nuevo rock and roll que vuelve a ser el de antes, el de Madrid o El fin de la década: Son, efectivamente, las Noches de rock and roll. Y si en este disco hay un tirón de orejas de Risi para Toño ("Y no lo sabrás") también hay mucha nostalgia de su amigo en esa acariciante balada de amor, soledad y sueño desesperado que es "Una noche sin ti".
La muerte del propio Pepe Risi, años después, provoca una nueva crisis, y deja a Johnny, inesperadamente, solo al frente de la banda. Esa noche decide que tiene que seguir. Quien se lo hubiera dicho en 1974, cuando se unió como pieza de encaje en la sombra a la formación liderada por Toño, Pepe Risi y Quique. Ahora ya solo queda él, de "los viejos", aunque Edu Pinilla y Carlos llevan también muchos años, son auténticos "burning". Haciendo de la necesidad virtud, él, y Edu Pinilla, y Carlos Guardado, toman la única decisión posible: hacerse más grandes, rodar más carretera, llenar como puedan los huecos. Ahora ya no hay saxo, y entra en cambio la segunda guitarra de Jaime Asúa (ex Alarma). El sonido se ha vuelto más rugoso y sureño, y Edu asume un nuevo liderato compartido con el veterano Johnny, que está fuerte y canta en plena forma, y sigue tocando su piano de toda la vida. Y aunque nadie pretende cambiar el pasado, tampoco puede vivirse de él. Y aunque nadie quiera ni pueda sustituir la voz de Antonio ni la negrita de Pepe Risi, los nuevos BURNING son todavía BURNING, siguen siendo los BURNING.


Queremos una canción en mp3 de Burning! Si formas parte del grupo o tienes alguna ponte en contacto con nosotros. Gracias.


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