Cristina Llanos o la pura esencia del Rock & Roll

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Cristina Llanos o la pura esencia del Rock & Roll

Texto de El Perro Loco. Fotos de Suso Herrero

Lo mejor de poder escribir sobre música sin ser periodista, sino un mero aficionado a este arte, es que puedes escribir las cosas desde el corazón, sin estar ligado a nada ni a nadie. En las distintas colaboraciones que he hecho, a lo largo de los últimos años (cuando me empezó a picar el gusanillo de escribir sobre aquello a lo que tanto amaba), en diferentes medios escribiendo sobre tal o cual cosa relacionada con la música, siempre he escrito desde lo más profundo de mis vísceras, diciendo lo que realmente pienso sobre tal o cual asunto, sin importarme demasiado si a la gente le iba a gustar o no… Y esto es, más que nada, porque se trata de algo que siempre he hecho por satisfacción propia. Y este humilde artículo dedicado a DOVER y, más concretamente, a la figura de Cristina Llanos (su vocalista y guitarrista, como bien sabréis todos aquellos que estéis leyendo estas líneas), no iba a ser, evidentemente, la excepción.

La idea de escribir estas líneas me vino a la mente hace unas semanas. Como me imagino que también sabréis, los madrileños DOVER se embarcaron a principios de 2013 en una gira para celebrar el decimoquinto/decimosexto aniversario de la salida de “Devil Came To Me”, ese disco que en su día revolucionó la escena independiente de este país y que catapultó a la banda a una primerísima línea de fuego dentro de este mundillo. La gira se ha extendido hasta finales de año y, cuando leáis estas líneas, ya habrá llegado a su conclusión (la última fecha, como después comentaré y casi todos vosotros sabréis, habrá sido el 10 de Enero de 2014 en Madrid), aunque esto realmente es lo de menos, porque lo que voy a escribir a continuación es, simplemente, un torrente de emociones que quiero plasmar en un escrito tras haber podido revivir, hace unas semanas, esos temas del “Devil Came To Me” tocados en directo (junto a otros de “Sister”, “Late At Night” o “I Was Dead For Seven Weeks In The City Of Angels”) en la Sala3 de Valencia. Por cuestiones que no vienen al caso, me perdí la presentación de esta nueva gira en la Sala El Loco de la capital levantina, y en mi mente parecía que no llegaba el día en que volvieran a la capital del Turia para ofrecernos un concierto de las mismas características. Pero el día llegó, (¡vaya sí llegó!) y todo lo vivido allí durante esa hora y media de concierto fue lo que me animó a escribir este pequeño artículo.

Como ya he comentado, mi idea es la de centrar este artículo en la figura de Cristina Llanos. ¿Por qué? Por varias razones… En primer lugar, porque creo que se merece este pequeño homenaje. Y en segundo lugar, porque Cristina siempre ha sido algo así como mi amor platónico dentro del mundo de la música. En el cine, Julia Roberts. En la música, Cristina Llanos. Y es que, cuando descubrí la música de DOVER y a Cristina, me enamoré al instante tanto de la música del grupo como de lo que representaba la menor de las Llanos. Os lo voy contando, poco a poco, para que lo vayáis entendiendo.

Cristina Llanos (Dover)

La primera vez que tuve noticias de DOVER fue, efectivamente, allá por 1997. DOVER tocaron dos veces en el Festimad. La primera de ellas, en 1997, poco antes de sacar el “Devil Came To Me” (la segunda, con el disco ya en plena ebullición, es otra historia). Los propios miembros del grupo comentan cómo ese concierto, a pesar de que el disco todavía no estaba en la calle, fue especialmente mágico. Y, vete tú a saber por qué, TV3 (la televisión autonómica de Cataluña) emitió por aquel entonces un pequeño resumen de ese Festimad de 1997 que, vete tú a saber también por qué, yo tenía grabado en una cinta de VHS (si eres muy joven, es posible que ni siquiera sepas de qué estoy hablando, ¡jajaja!). Entre los grupos que iban apareciendo por aquel resumen (algunos de los cuales conocía, otros ni puñetera idea), hubo uno que me impactó especialmente, y eso que apenas aparecían unos pocos segundos: al frente del grupo había una chica con una guitarra colgada, cantando una canción que meses después me enteré de que se titulaba “Pangea”. Sí, eran solo unos pocos segundos en los que se oía a Cristina cantar aquello de “Jesus’ bible, bible’s Jesus, lots of carrots, carrot recese, it reminds me of the way that you pushed… I’d hate to be like you!” I’D HATE TO BE LIKE YOU. Qué declaración de intenciones, ¿verdad? Pongámonos en situación… Yo ahora mismo tengo 32 años, así que calculad vosotros mismos los que tenía en 1997, cuando vi por primera vez a DOVER y a Cristina por la tele. Joder, mira que era poco el tiempo el que salía DOVER en ese resumen, pero yo no podía parar de verlo. “Jesus’ bible” una y otra vez. Es posible que sepáis interpretar lo que suponía para un, en aquellos tiempos, adolescente como yo, la irrupción de una banda como DOVER y de una vocalista como Cristina Llanos. Cristina suponía para mí la ACTITUD en su nivel más puro. Siempre he estado metido dentro del Rock y del Metal en sus diferentes variantes, desde los 14 años. En ese momento de mi vida, 1997, ver a un grupo como DOVER, con una chica al frente, dando guitarrazos, moviendo la cabeza para uno y otro lado, derrochando un carisma arrollador encima del escenario y lanzando con ese vozarrón proclamas como ese “I’d hate to be like you”, supuso algo de lo que, hasta día de hoy, no me he podido despegar. ACTITUD, sí señor, y perdonad que repita la palabra (y más de una vez que voy a repetirla, vais avisados). Siempre he sido un bajista mediocre… Sí, he tenido una carrera musical de más de once años con el mismo grupo, he grabado algunas cosas e incluso llegamos a alcanzar un pequeño estatus que no todo el mundo llega a alcanzar. Pequeñito, sí, pero ahí estuvo durante mucho tiempo. Pero vaya, que por unas u otras, instrumentalmente siempre he sido muy limitado. Siempre me ha dado igual. A la gente que me pregunta, le digo lo mismo una y otra vez: “¿Yo? Técnica = 0% Actitud = 100%”. Con solo ver ese breve fragmento de “Pangea”, yo ya sabía que Cristina Llanos encarnaba para mí lo que tenía que ser un músico de un grupo de Rock. Puedes ser más o menos técnico, pero los cojones (u los ovarios) nunca pueden faltar (y eso que solo la había visto en un vídeo que duraría unos 25-30 segundos… ¡Aún me faltaba mucho por ver!). El hecho de que Cristina me pareciera guapísima también influyó, claro, y más en un chaval de 16 años como lo era yo en ese momento, pero eso ya son otras cosas que no vienen a cuento…

Pero de Cristina no me enamoró solo su puesta en escena y actitud, obviamente… Esa voz… ¡Sí, esa voz! Tan frágil que parece a punto de romperse en temas como “Sick Girl”, “Cold” u “Honest” y que, por el contrario, puede llegar a convertirse en la de una auténtica fiera desatada en algunas canciones durísimas como “La Monja Mellada” o “Me And My Mulón” (y, aunque no con tanto extremismo, también en temas como “The Real Me”, donde me estremezco todas y cada una de las veces que, en el estribillo, Cristina grita aquello de “you should have never failed for me”). Y, por supuesto, una combinación de ambas cosas… Hay momentos, como en “The Weak Hour Of The Rooster” o en “Late At Night” (la canción), en que Cristina parece estar cantándote una nana para darte las buenas noches y que te duermas… Pero muchas veces es mentira, porque llega el estribillo de ese mismo tema y empieza a darte de hostias para que te despiertes y te pongas a hacer cosas… ¡Que todavía no es la hora de dormir, coño! ¡Jajaja! Ejemplos de este tipo hay muchos… Los ya citados “The Weak Hour Of The Rooster” y “Late At Night”, “Serenade”, “Cherry Lee”, “The Flame”… Supongo que lo habréis pillado, así que tampoco hace falta que me ponga a citar canciones sin ton ni son. En definitiva, una voz maravillosa en toda sus facetas: la más dulce, la más agresiva, una combinación de ambas hecha de una u otra forma… ¿La voz femenina más bonita del historia del Rock & Roll? Pues no lo sé, ya sabéis que todo es cuestión de gustos, pero al menos PARA MÍ sí que lo es.

Cristina Llanos (Dover)

¡Y ojo, que Cristina se ha llevado más de una crítica (absurda, desde mi punto de vista) por su voz! Bueno, más que por su voz, por algunas cosas que pasan de vez en cuando y a las que cuatro criticuchos de esos que tienen la carrera de Periodismo (no como yo) enseguida se agarran a ellas para intentar obtener una atención que no pueden alcanzar por sus propios méritos. Y, por cierto, lo de “absurda” lo digo porque, como supongo que ya os estaréis dando cuenta, antes que la voz en sí de un/una vocalista o la técnica de un/una instrumentista, para mí priman otras cosas. Os vuelvo a poner en situación. ¿Os acordáis de un programa que hacían hace ya bastantes años en TVE1 llamado “Música Sí”? La verdad es que era bastante infame, jajaja, pero de vez en cuando salía algún buen grupo. Recuerdo, por ejemplo, a IRON MAIDEN tocando “The Angel And The Gambler” cuando estaban presentando el “Virtual XI”, o a BARRICADA interpretando su clásico “En Blanco Y Negro”. Todo en riguroso playback, claro. Hasta que llegaron DOVER al programa para tocar “Serenade”, que ni playback ni hostias. Un grupo de Rock de verdad tocando puramente en directo, su estatus natural. Y bueno, resulta que ese día a Cristina se les escaparon algunos “gallos”, cosa totalmente normal en una canción con un estribillo bastante exigente como lo es el de “Serenade”… De hecho, para mí ni siquiera son gallos, sino momentos en los que, por desgarrar tanto la voz, no llegas como te gustaría a la nota que toca (Cristina seguro que ni se fijaba en eso… Me imagino que a ella, como a mí, le importan más otras cosas, como lo que estás TRANSMITIENDO a la hora de cantar, antes que hacer una interpretación, tan perfectísima como aséptica, que no te haga mover ni un solo músculo de tu cuerpo debido a lo insulso de la misma). Hubo cuatro sabiondos que la criticaron por esta actuación en “Música Sí”. A mí dicha actuación solo me convenció todavía más de que esta chica era una auténtica crack. Primero, por, al igual que el resto del grupo, no hacer playback en un programa en el que siempre se hacía. Y segundo, porque ella, al igual que yo, seguro que tampoco estaba pensando que estaba desafinando un poco, como acabo de comentar. ¡ACTITUD, JODER, ACTITUD! Ya estoy otra vez con la palabrita de marras… ¡Pero es que es lo que hay! A mí DOVER y Cristina me enseñaron mucho ese día, pues me volvieron a demostrar qué es lo que tiene que hacer una banda de Rock en un escenario. Siempre, por encima de la técnica, han de primar los cojones/ovarios. Perdonad si me repito, pero es lo que siento… Y ahora que tengo tantos recuerdos agolpados en la cabeza, necesito exteriorizarlos.

Pero bueno, llevo un rato hablando sobre cosas que sucedieron cuando “Devil Came To Me” era ya un auténtico fenómeno de masas, y todavía no os he contado cómo yo personalmente descubrí ese disco tan maravilloso y que tantísimo ha hecho por mí en esta vida. Yo creo que muchísima gente de mi edad lo descubrió más o menos de la misma manera… ¿Os acordáis del anuncio de “Radical, el refresco de fruta sin gas”? Seguro que los más viejos del lugar lo recordáis, así que, para los que seáis más jovenzuelos, este es el anuncio de marras:

Este anuncio catapultó a DOVER a convertirse en un auténtico fenómeno de masas. El discazo ya estaba en la calle… ¿Qué faltaba ahora para que la rueda comenzase a girar? Pues una buena promoción, lógicamente. Y anda que no se la dio este anuncio… A mí, sin saber que el grupo que sonaba en el anuncio eran DOVER, ese grupo con una chica al frente al que había visto en un reportaje del Festimad y que tanto me había impactado, se me pegó enseguida aquello de “lied for you, I lied for you”. Poco después descubrí que el grupo del reportaje del Festimad y el del anuncio de Radical eran el mismo. El fenómeno DOVER explotó y, poco después, empezaron a echar por los 40 Principales los videoclips de “Serenade” y “Loli Jackon”. Yo, sabiendo ya que este grupo y el del Festimad eran el mismo, empecé a escuchar esos dos temas, a ver sus videoclips y, por supuesto, a grabármelos en una maldita cinta de VHS que debí de quemar de tanto ponérmelos… Y es que, además de ser dos temas incontestables que, con el paso del tiempo, se han convertido en verdaderos himnos de toda una generación, allí salía “mi” Cristina, la del Festimad, guitarra en mano, sacando una voz tremenda que me dejaba embobado delante de la pantalla.

Como anécdota de joven adolescente en plena época de hormonación, puedo contaros que, la primera vez que vi “algo” del videoclip de “Loli Jackson”, ese algo fueron precisamente las imágenes en las que aparece la chica protagonista de la historia que se cuenta en el vídeo en actitud erótico-insinuante con el maromo de marras. Joder, imaginaos cómo andaba yo por aquella época, que viví pendiente de poder ver el videoclip entero (porque lo que pude ver aquel día fueron solo unos rápidos y fugaces segundos) para ver quién era realmente la chica en cuestión, ¡jajaja! Llegó la oportunidad de verlo entero y grabarlo (¡no, por aquel entonces no existía YouTube! ¡Teníamos las cosas un poco más difíciles!) y ver que, lamentablemente, no era Cristina, pero me daba igual… Me conformaba con verla cantar empapada por la lluvia, con su guitarra a cuestas, como siempre (y muy sexy cuando sale con gafas de sol, jejeje).

Poco después de esto, me llegó la oportunidad de escuchar el “Devil Came To Me” entero. Se lo compró en CD mi vecina y rápidamente me lo grabé en la típica TDK de la época (sí, queridos jóvenes, escuchar los discos que querías requería de un poco más de esfuerzo por aquella época). Posteriormente yo me lo compré en cinta (aún la conservo, como todas las de aquel entonces) en nada más y nada menos que Círculo de Lectores, ¡toma ya! ¿Y qué queréis que os diga? Me quedé prendado al instante de todas y cada una de las canciones. Nunca he ocultado mi pasión por este disco, siempre colocado entre mis favoritos de toda la historia, junto a otros de artistas de lo más diversos, aunque siempre situados en la esfera del Rock y el Metal, que es la que controlo y la que me hace vivir.

Lo que más me sublimó de “Devil Came To Me” fue la grandísima energía que desprendían los temas, energía que siempre estaría posteriormente con ellos en “Late At Night”, “I Was Dead For Seven Weeks In The City Of Angels” y “The Flame” (bueno, y anteriormente en “Sister”, claro, pero ese primer disco de los madrileños lo escuché bastante después). ¿Sabéis? Yo soy muy dado a soñar con imposibles, pero con imposibles que me hacen feliz… Conforme DOVER anunciaron que iban a hacer una gira para conmemorar el decimoquinto aniversario de la salida de “Devil Came To Me” y pude ver, en los primeros vídeos de los conciertos de la gira subidos a la red, que su energía a la hora de tocar Rock (tras dos discos tan diferentes como “Follow The City Lights” e “I Ka Kené”) seguía absolutamente intacta, fantaseé con la idea de que, por motivos de fuerza mayor, Samu, su bajista, se viera obligado a perderse un par de bolos de la gira, y que DOVER montaran una especie de casting rápido para buscarle un sustituto… Pues señores, os aseguro que, a pesar de mi mediocridad como bajista, yo me habría presentado, no para ser el elegido, evidentemente, sino simplemente para sentir esa fuerza explosiva que debe de estallar al tocar con ellos el propio “Devil Came To Me”, “Far”, “Better Day” o “Rain Of The Times”, por poner solo algunos ejemplos.

Cristina Llanos (Dover)

No deja de ser raro que, a pesar de ese, en mi opinión, tremendísimo directo que tienen, tan solo los haya visto en concierto en un par de ocasiones. La segunda fue, claro, la de hace unas semanas en Valencia. La tercera será en Madrid (sí, no me puedo perder su concierto de fin de gira), y la primera fue también en Valencia, en la plaza de toros. DOVER fueron los elegidos por la Universitat de València para inaugurar el curso universitario, concretamente el ejercicio académico 2001-2002. Ya habían sacado (o estarían a puntísimo de hacerlo, no lo recuerdo bien) “I Was Dead For Seven Weeks In The City Of Angels”, y allí que me planté con unas amigas a ver que se cocía, entre ellas la chica que me tenía loco por aquel entonces, jejeje, aunque pasaba bastante de mí… Uno de los muchos recuerdos que se agolparon en mi mente cuando los volví a ver, tanto tiempo después, hace tan solo unas semanas. ¡Y lo que son las cosas! En aquellos años 2001-2002 peleaba por sacar las mejores notas posibles y, varios años después, soy yo el que pone las notas (soy profesor, jejeje).

Bueno, pues eso, sigamos con la historia (y perdonad que dé tantos saltos, pero realmente me cuesta ordenar tanta experiencia y tanto recuerdo removido por lo vivido en la valenciana Sala3, motor, como apuntaba al principio, de este escrito): ya había escuchado “Devil Came To Me” entero y, a partir de ese momento, podríamos decir que me convertí de verdad en un seguidor más del grupo, y seguí descubriendo cosas suyas, sobre todo de Cristina, que no dejaba de sorprenderme. Echo la vista hacia atrás y me veo a mí mismo programando el vídeo porque a tal hora iban a echar no sé dónde el concierto que habían dado en el Pabellón de Deportes del Real Madrid el 22 de Noviembre de 1997, o en la Riviera de Madrid, este ya un poco después, presentando “Late At Night”. Y Cristina no dejaba de sorprenderme porque, ahora que podía ver un concierto suyo entero, sus maneras me enamoraban todavía más. Ya no era solo ver a una chica vociferando como un animal salvaje a guitarrazo limpio… Era verla también contorsionarse como si fuera víctima de espasmos eléctricos, tirarse por el suelo, escupir continuamente, desafiar al público con su mirada, acabar el show arrojando su guitarra y lanzándose ella misma al público ante el alborozo general después de que “Loli Jackson” llegara a su fin. ¿Quieres más actitud? ¡Pues toma dos tazas! Desde ese momento, pues sí, Cristina se convirtió en mi amor platónico del mundillo musical. Revista en la que salían DOVER, revista que me compraba, siempre deseando que saliera una buena foto de Cristina empuñando su guitarra o, simplemente, posando ante la cámara con el resto del grupo. Por ahí tengo aún alguna “Rock Sound” y alguna “Rolling Stone” que compré a tal efecto…

“Devil Came To Me” dejó paso a la edición de “Late At Night” en 1999. Quizás el disco más duro, desde un punto de vista musical, de DOVER (y sí, la foto de la última página del libreto, con Cristina alzando el dedo corazón de su mano izquierda, me encantaba, jejeje). Luego llegaron “I Was Dead For Seven Weeks In The City Of Angels” (también muy duro y con muchas influencias en plan Stoner) en 2001 y “The Flame” en 2003. La edición de “I Was Dead For Seven Weeks In The City Of Angels” y de “The Flame” coincidió con una época en la que Cristina engordó bastante. Como no podría ser de otra manera, esto suscitó cientos de comentarios e incluso artículos de lo más hirientes hacia su persona, todos ellos, por supuesto, auspiciados por el anonimato que ya proporcionaba Internet en aquella época. Me imagino que este tipo de gente que se dedica a escribir sobre este tipo de cosas tan delicadas no habrá engordado en su puta vida ni sabrá lo jodido que es. Yo también tengo mucha tendencia a engordar, por ejemplo. Ahora no va mal la cosa, pero últimamente me he pasado un poco y ya sé que dentro de nada me esperan sesiones de bici y carne y pescado a la plancha.

La cuestión es que a mí no me importó que Cristina engordara durante los años de “I Was Dead For Seven Weeks In The City Of Angels” y de “The Flame”. En absoluto. Para mí, su actitud en el escenario seguía siendo la misma, ella seguía representando lo que para mí es la esencia del Rock. Por Internet podéis ver diversos vídeos de aquellos años, como el del Mediatic Festival de 2002 o el del alemán Rock Am Ring de 2004, y podréis comprobar que seguía siendo la misma chica de siempre, con la voz preciosa de siempre, dando los mismos guitarrazos de siempre, escupiendo como siempre y sudando como en cualquier buen concierto de Rock & Roll. Pesara más o pesara menos, Cristina seguía siendo mi particular musa del Rock. Y a pesar de esos kilos de más, yo la seguía viendo estupenda y me quedaba prendado de ella cada vez que la veía por la tele, en una revista o donde fuera que apareciese (y, de hecho, pocas veces la he visto más guapa que en el videoclip de “King George”. Tuve la suerte de poder grabarlo en VHS el mismo día de su estreno y de revisionarlo unas quinientas veces ese mismo día.).

“The Flame”, último disco rockero de DOVER, fue editado en 2003, y su continuación, el polémico pero tremendamente exitoso “Follow The City Lights”, acabaría viendo la luz en 2006. Si bien es cierto que “The Flame” era un disco más tranquilito que los anteriores, con muchos retazos poppies pero, por otra parte, dotado de otros temazos crudos y desgarradores como la propia “The Flame”, “Afterhours”, “Die For Rock & Roll” o la nirvanera “One Black Day”, pocos se esperarían el cambio que darían DOVER en el mencionado “Follow The City Lights”, tanto en el aspecto musical como estético. Todavía me acuerdo del día en que se estrenó el videoclip de “Let Me Out”… Por aquella época, los foros de Internet estaban en plena ebullición, así que todo el mundo vio el videoclip rápidamente y las opiniones empezaron a correr como la pólvora. Más que la música de “Let Me Out” en sí, lo que a muchos llamó primeramente la atención de ese videoclip fue el cambió que había dado nuestra Cristina, teñida de pelirroja y con muchos kilos menos.

Cristina Llanos (Dover)

Y en relación a lo que era la música de “Let Me Out”, pues ahí os va otra anécdota. Yo tengo un nivel de inglés bastante aceptable. Puedo leer bien el idioma, escribirlo y manejarme hablando con otra gente. Pero YO con otra gente. Si esa otra gente está hablando entre sí (sobre todo si son nativos) o si lo que escucho es, por ejemplo, una canción (donde no suelo pararme a entenderla a no ser que tenga la letra delante), no me cosco de nada. Os juro que, cuando acabé de ver el videoclip de “Let Me Out”, con Cristina bailando y moviéndose como una auténtica estrella de las pistas, pensaba que este tema en concreto era precisamente una sátira a ese tipo de performances, y que el resto de “Follow The City Lights” iba a ser un disco de DOVER “normal”. Esta sensación la aumentó el hecho de que, durante el videoclip, Amparo, Samu y Jesús aparecieran con cara de asombro al ver una pantalla en la que aparece Cristina bailando. Vamos, que eso… Que yo pensaba que el tema era una pequeña sátira y no le di más importancia. Y evidentemente, esto no tenía nada que ver con lo que mi imaginación quería pensar, ¡jajaja! Luego ya me di cuenta de que, efectivamente, DOVER habían hecho un disco entero de, llamémosle, Pop electrónico (no estoy nada metido en este tipo de música, pero supongo que el término será más o menos acertado).

Como es lógico, el cambio musical dio paso a un cambio estilístico también muy acusado. Y, me creáis o no, lo que es el cambio musical tampoco me jodió tanto. DOVER ya nos habían dado cinco discos de Rock esplendorosos, y ahora habían decidido reinventarse y seguir por otros derroteros. Estaban en su derecho como músicos, ¿no? Al respecto de por qué lanzarse a ese cambio, yo siempre he discrepado un poco con lo que siempre ha comentado el grupo. Ellos suelen comentar que ya tenían cinco o seis canciones de Rock preparadas para ir dando forma a un nuevo trabajo, pero que, de repente, salió “Let Me Out” y componer un disco electrónico fue algo que les salió de un modo muy natural. Mi opinión está a medio camino entre lo que ellos dicen y lo que en su día dijeron sus seguidores más defraudados por el cambio musical (que si el dinero, que si “son unos vendidos” y blablabla). Yo soy de la opinión de que, efectivamente, su idea inicial era hacer un nuevo disco de Rock. Pero, sinceramente (y esto sé que lo va a leer Cristina, espero que no me mate, ¡jajaja!), no creo que hacer un “Follow The City Lights” como tal les saliera tan natural. Pero, joder, yo en su día, aunque el disco no me decía nada (aunque con el tiempo he llegado a apreciar algunas cosas, como las estupendas líneas de bajo que tiene) por ser un género al que no me dedico y que no me llama la atención, entendí a DOVER como grupo. Ellos, tras la edición de “The Flame”, se vieron en la necesidad de no estancarse, de seguir triunfando más allá de lo que lo estaban haciendo en ese momento… Y vieron en “Let Me Out” y en un disco como “Follow The City Lights” la posibilidad de hacerlo. Sí, atrayendo a un público muy diferente del que tenían en ese momento, pero logrando, al fin y al cabo, su objetivo de volver a despuntar. En ese sentido yo siempre me puse de su parte… DOVER son músicos, tocan música, pero también viven de ella. Vieron que sacar “Follow The City Lights” era lo mejor para su carrera como banda y para sus vidas, lo hicieron y volvieron a alcanzar unas cotas de popularidad bestiales. Es algo que hemos de aceptar. Aunque a muchos no nos gustó ese cambio en su música, hemos de asimilarlo como la libertad del artista a crear lo que considere necesario o lo que, simplemente, le venga en gana.

Pues eso, que no me gustó, pero respeté su cambio musical. Lo que de verdad me desgarró las entrañas en ese momento fue su cambio estilístico. “Mi” Cristina ya no estaba en esta nueva etapa de DOVER. La pequeñita de las Llanos dejó a un lado su amada Stratocaster azul celeste y, con solo un micrófono en mano y nada más, se convirtió en una verdadera artista de la música de baile. Nunca me lo habría imaginado en su día, pero esta “nueva” Cristina, además de no estar acompañada por su eterna guitarra, no se convulsionaba en los directos (o lo hacía de un modo distinto, sin esa conexión que tanto la ligaba a lo que representaba el Rock de sus primeros discos), no escupía (o lo hacía más discretamente, si se le presentaba la necesidad), no miraba tan desafiante al público, no se tiraba encima de él al finalizar los conciertos. Y a mí eso me dolió, porque uno de mis iconos musicales había desaparecido en la forma en que yo lo había entendido hasta entonces. Eso sí, la prensa descubrió en ella a una chica guapísima y encantadora (como si antes no lo fuera, ¡manda huevos!), llegando incluso a afirmar burradas como que había nacido un nuevo cisne y no sé qué otras historias más. Cosas de la prensa, supongo, siempre buscando el titular más oportuno… Cierto es que Cristina, objetivamente, había mejorado su físico muchísimo (el posterior teñido rubio también le sentó muy bien por aquella época) y, a pesar de seguir pareciéndome tan guapa como siempre, esta Cristina ya no me atraía como antes. Había perdido lo que para mí era su esencia, había perdido la actitud que había hecho que Cristina Llanos y Rock fuesen dos sinónimos. Pero claro, es que en ese momento DOVER habían dejado de tocar Rock… Por mucho que me doliese, era normal que el cambio musical viniese acompañado por un cambio estético.

No voy a mentir. Perdí el interés por DOVER, y del lanzamiento del disco de reminiscencias africanas “I Ka Kené” de 2010 prácticamente ni me enteré, y eso que el look de la banda ya no era tan fashion como el que lucían en “Follow The City Lights”... Pero Cristina (a pesar de vestir de un modo mucho más casual y desenfadado) seguía sin su guitarra, así que todo me daba un poco igual. Prefería seguir recordando a DOVER y, sobre todo a Cristina, como lo que fueron desde sus inicios con “Sister”, en 1995, hasta la época inmediatamente posterior a la edición de “The Flame”, y me conformaba con escuchar, siempre que sentía la necesidad, sus primeros trabajos, sin prestar atención a lo que estaban realizando en ese momento, aunque, como ya he apuntado, respetando al máximo el camino que, como artistas, habían tomado.

Y con esto llegamos a 2012. Durante este año, los DOVER rockeros vuelven a asomarse muy tímidamente y empiezan a interpretar en directo, en sus versiones “originales”, “King George”, “Serenade” y “Devil Came To Me”. Hasta que llega una noticia que, sin realmente esperarla, hace que nuestros cuerpos y nuestras almas empiecen a estremecerse al unísono: para celebrar el decimoquinto aniversario del lanzamiento del “Devil Came To Me”, DOVER van a pasarse todo el 2013 interpretando en directo los temas de este disco tal y como fueron concebidos, mezclándolos con otras cuantas canciones del resto de sus trabajos anteriores a “Follow The City Lights” e “I Ka Kené”. A ver, a ver… ¿Eso significaba que “mi” Cristina iba a coger otra vez la guitarra? Pues, la verdad, yo, en ese momento, como supongo que todo el mundo, no sabía qué iba a pasar, así que solo nos quedaba esperar.

Cristina Llanos (Dover)

Empiezan a anunciarse fechas de esta nueva gira por toda la Península Ibérica. La de Valencia la anuncian para el 18 de Enero. ¿Puede ser que fuera la primera de todas? Ahora mismo no lo recuerdo, y casi que paso de acordarme, porque, como soy un puto zoquete, me la perdí… Los motivos poco interesan, ¡jajaja! En fin, hasta que volvieran a Valencia, lo único que podía hacer era ver los vídeos que se iban colgando en YouTube, redes sociales y demás, y comprobar si este regreso al Rock de DOVER (sea o no temporal) era realmente el regreso con el que soñábamos. ¡Y joder si lo era! Tampoco me acuerdo de cuál fue el primer vídeo de esta gira que pude ver… Pero sí, en todo caso, Cristina volvía a blandir su guitarra con una rabia tremenda. Nada podía salir mal. Ya sea apareciendo en el escenario con su ahora muy larga melena suelta, o recogida en una coleta o en un par de trenzas, sí, “mi” Cristina definitivamente había vuelto (y, además, más guapísima que nunca). Hasta el viernes 22 de Noviembre (hace nada, para que nos entendamos), no hubo otra fecha en Valencia. Llegué a desesperarme pensando que, habiéndome perdido el bolo de Enero, iba a tener que resignarme. Pero no. Por suerte, volvieron a la capital del Turia… ¡Vaya que sí volvieron! Como parte de su tramo final de gira (y es que, en principio, esta no iba a durar tanto), iba a poder verles en Valencia después de tantísimos años. E iba a poder verles interpretando en directo esas canciones que tantísimo significan para mí. Y con “mi” Cristina demostrando de nuevo, como antaño, quién es la jefa del escenario. Se mueve, agita la cabeza de uno a otro lado, aprieta los dientes, escupe al suelo, se entrega al máximo a su público, ruge como una leona y suda como en todo buen concierto de Rock. Si bien sus maneras ya no son tan salvajes como a finales de los ’90, hay momentos en los que “mi” Cristina se desboca: se vuelve a lanzar al público de vez en cuando, e incluso algún concierto lo ha acabado tocando en sujetador, jejeje… Yo personalmente no podía pedir más. Esto para mí era un sueño. Un sueño que, si bien con retraso, acabó finalmente por cumplirse, como ya he dicho, el pasado 22 de Noviembre. Escuché el “Devil Came To Me” con dieciséis años e iba a volver a verles interpretándolo en directo el día antes de cumplir treinta y dos. Cómo pasa la vida, joder…

Así que nada, pillo el tren desde mi pueblo a Valencia y me planto en la capital. Voy solo, como casi siempre (la mayoría de mis colegas ya se han acomodado mucho con este tipo de cosas). Dejo los trastos en la pensioncilla en la que he alquilado una habitación para sobar después del concierto y salgo a ver dónde está la Sala3. Coño, me habían dicho que la tenía muy cerca de la pensión, pero, ¿tanto? ¡Jajaja! Apenas he caminado tres minutos y ya estoy en la puerta de la sala. Pues nada, de puta madre. Vuelta a la pensión a matar el rato hasta la hora del concierto.

Y como los nervios me pueden, un rato antes de abrir las puertas ya estoy allí, que quiero pillar un buen sitio en primerísima fila. Por otra parte, mientras hago cola, mi cabeza no deja de ser asaltada por ciertos pensamientos… ¿Cómo voy a reaccionar? Realmente, ¿las canciones van a transmitirme lo que siempre me han transmitido? No sé por qué, había momentos en los que me sentía un tanto escéptico. Con todas esas dudas dando vueltas en mi atolondrada cabecita, las puertas se abren, me meto dentro de la sala y ya me situó tocando el escenario.

Y bueno, pues al final el grupo sale y empieza el concierto, ¡claro! Cristina sale con su Strato azul celeste de casi toda la vida y, conforme empieza a sonar “Rain Of The Times”, todas mis dudas se disipan, empiezo a disfrutar del concierto lo que no está escrito y empiezan a venirme a la cabeza miles de recuerdos, muchos de los cuales he plasmado hoy aquí. Ese día Cristina sale con sus trencitas, y está radiante. Además de volver a ser la jefa del escenario, como comentaba hace cosa de tres párrafos, también ha aprendido muchas cosas de la etapa “Follow The City Lights” e “I Ka Kené”, y muestra una mayor conexión y comunicación con el público y, además de mirarnos amenazadoramente en temas como “DJ” o “Devil Came To Me”, también nos sonríe muchísimo. Esta es la nueva Cristina. La que conserva todo su espíritu y actitud rockera de antaño, pero fusionándolos con otras cosas aprendidas desde el ya lejano 2006 (además, ahora no se corta en llevar un poco de maquillaje para acentuar rasgos tan bonitos como sus ojazos).

Los temas van cayendo y, como todo lo bueno en esta vida, el concierto también llega a su final. Y a pesar de que Cristina ese día no se tiró del escenario tras “Loli Jackson”, os puedo asegurar que, por muchas razones, fue uno de los mejores conciertos de mi vida. Y podéis estar seguros de que he estado en cientos, tanto tocando como formando parte del público. Pero ese día, DOVER me hicieron sentir como hacía mucho que no me sentía. Volvía a tener dieciséis años mientras cantaba a pleno pulmón todos y cada uno de los temas del repertorio, colocado, como ya he dicho, en primerísima fila, justo entre Samu y la propia Cristina. Me acuerdo del resumen del Festimad emitido por TV3, y me acuerdo de esa banda con una chica con una voz potentísima al frente, azotando su guitarra… Me acuerdo del anuncio de “Radical”, de escuchar el “Devil Came To Me” por primera vez, y vienen a mi mente recuerdos de ese concierto en la plaza de toros en Valencia en 2001, y de repente se me aparece esa otra chica que tanto me gustaba por aquel entonces y que pasaba de mí, ¡jajaja! Incluso me invaden recuerdos de momentos un tanto más triviales, como estar escuchando “The Flame” en la FNAC de la Plaza de San Agustín pocos días después de su salida a la venta… Puede parecer una exageración, pero mientras DOVER iban desgranando tema tras tema, no toda mi vida, pero sí al menos la mitad de ella, pasó por delante de mis ojos. Desde los dieciséis a los treinta y dos años.

Suenan los últimos acordes de “Loli Jackson”, el grupo se despide de todos nosotros y, a continuación, mientras intento bajar de la nube en la que me encuentro, hago algo que EN MI PUTA VIDA había hecho: esperarme dentro de la sala hasta que salgan los músicos de sus camerinos. Quiero ver por última vez en la noche a Cristina, quiero darle un par de besos y decirle algo… Mientras espero, me compro una camiseta y la reedición del “Devil Came To Me”, que todavía no la tenía, ¡jajaja! Y, efectivamente, pasado un rato, Cristina sale del camerino, ataviada ya con su maleta para irse de la sala. Atiende simpatiquísima a todos los que la estamos esperando y, por fin, llega mi turno. Le pido un par de besos y no alcanzo a decirle nada más que “muchas gracias por el concierto”. Cristina contaba hace poco en una entrevista que, de encontrarse frente a su admirada Madonna, le costaría mucho ir a saludarla, por el cierto respeto y/o miedo que provocaba en ella su personalidad. A mí Cristina, esa noche, no me provocaba miedo en absoluto. Todos sabemos que es una chica estupenda. Pero sí que es cierto que, cuando reverencias tanto y por tantos motivos a una persona, cuando tienes a un amor platónico delante, quieras o no las cosas se te complican un poco… A mí solo me salió ese “muchas gracias por el concierto”. Por otra parte, creo que era también lo más sincero que le podía decir en esos momentos. Me despedí y de camino a la pensión, a descansar y a soñar con todo lo que había vivido esa mágica noche de 22 de Noviembre. De hecho, estuve varias noches soñando con lo mismo…

Y tanto soñé, que me decidí a escribir esto. Y también me decidí a comprarme una entrada para el concierto final de gira el 10 de Enero en Madrid. Sinceramente, nadie sabe a día de hoy qué van a hacer DOVER después del 10 de Enero. Habrá nuevo disco, sí… Pero, ¿por dónde irán los tiros? ¿Volverán los DOVER más rockeros o seguirán experimentando con otro tipo de sonoridades? Como eso es, a día de hoy, algo que nadie puede saber (quizás sus más allegados), no podía dejar la oportunidad de verlos interpretando una vez más todos esos temas que son banda sonora original de toda una vida. De mi vida.

Cristina Llanos (Dover)

Y bueno, no sé en qué fecha estaremos cuando esto se publique y vosotros lo podáis leer… He querido, eso sí, que fuera una fecha posterior al 10 de Enero, con lo cual ya no vais a poder saber qué tal me lo pasé y si la cama de la pensión era cómoda, ¡jajaja! Pero necesitaba escribir esto antes de ese concierto. No quería que absolutamente nada distorsionara ni por un momento todo lo que sentí ese 22 de Noviembre en Valencia. En todo caso, volveré a ver a DOVER. Y volveré a ver a “mi” Cristina. Y quizás esta vez (ahora que incluso he hablado por teléfono con ella para la redacción de este artículo) incluso me atreva a tener una conversación que se alargue más allá de un simple “muchas gracias por el concierto” si la veo por la sala cuando el show llegue a su fin. No en vano, puede ser la última vez que la vea en concierto tal y como a mí me gusta, como esa fiera salvaje con guitarra a la espalda por la que todos nos dejaríamos morder muy gustosamente.

Y es que, luego, ¿qué va a haber? Pues, como ya he apuntado, no lo sabemos… Y a mí, sinceramente, es algo que ya no me importa tanto como podría haberme importado hace un tiempo. Tras esta maravillosa gira y después de haberlos podido ver hasta en dos ocasiones, pueden hacer un disco de “u i dotzes” valencianos si les da la gana. Si vuelven al Rock, perfecto. Y si no, mis mayores respetos para ellos como artistas y como las grandísimas personas que han demostrado ser. Nunca olvidaré esta gira llamada “Dover Came To Me”. Nunca olvidaré el concierto del día 22 de Noviembre y seguro que tampoco olvidaré el del 10 de Enero. Y tampoco olvidaré que, esos dos días, me pude reencontrar cara a cara con “mi” Cristina. Con la Cristina Llanos a la que tanto añoraba y que, al menos durante esta gira, volvió a manifestarse como antaño, en su estado más puro, mostrándonos a todos cómo han de hacerse las cosas en un concierto de Rock. El futuro ya nos dirá qué sucede, pero este presente es ya imborrable. Para siempre.

Cristina, en esta gira habéis tocado, creo que en todos los conciertos, “Four Graves”. En ese tema afirmas que “I will reign again”. Pues para mí, hagas lo que hagas a partir de ahora, “you will reign forever”. Gracias por hacerme soñar, sentir y disfrutar.

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