Banner Rivas Rock

Logotipo Manerasdevivir.com

20 de abril de 2014 | Envía tus noticias Pero quiso el cielo bautizar el suelo con su gota a gota y con champú de arena para tu melena de muñeca rota

Rulo. Las canciones con poso, las que alimentan el alma, son más necesarias que nunca

Septiembre de 2012. Por Fernando F. Garayoa

Rulo se siente libre, y ha traducido esa libertad en una heterogénea colección de especies que nunca debieran estar en extinción. Navega por universos musicales diferentes pero siempre sobre un barco construido en los astilleros de su propia piel y calafateado a sangre con sus cicatrices. Sumergido en la vorágine promocional, tuvo unos cuantos minutos para desgranar para Manerasdevivir todas las etapas su nueva singladura.

La música, tal y como la concibe Rulo, con sus dosis de honestidad y de verdad, ¿está en peligro de extinción?

Yo creo que no. Aunque suene un poco utópico, y mira que yo siempre he sido un poco llorón, creo que la música ahora es más necesaria que nunca. E incluso matizaría, más que la música, las canciones son más necesarias que nunca; y no lo digo como compositor, sino como oyente, como fan y como seguidor que soy de tanta gente. Hablo de canciones con un poco de poso, no solo de poso social, que también, sino de canciones que te alimenten el alma, aunque suene un poco cursi, y que te hagan sentir bien.

Una de las principales características del álbum es su heterogeneidad, con canciones diferentes ente sí aunque conserven la impronta de Rulo. ¿Por qué has querido darle tanta variedad?

La única premisa que le puse a Javi y a la banda fue intentar reivindicar el disco como concepto, de tal manera que ninguna de las once fueran iguales. Y eso es difícil, y por eso tuve que hacer 28 canciones... Y sobre todo me costó cuando ya tenía 7 u 8 que me gustaban, porque tenían una rayada importante de canciones en la cabeza. La idea era, teniendo la misma piel, meterte en otros trajes. Sin renunciar a lo que soy, quiero seguir divirtiéndome y aprendiendo; y es que sobre todo la palabra es aprender. Hay canciones como El prota, que podía haber compuesto hace ocho años, pero hay otras como El vals del adiós, que probablemente sea la más diferente de cuantas he publicado en mi vida. La primera le costó poco a la banda montarla pero la segunda hubo que mirar para ver por dónde carajo íbamos, o cómo rulerizábamos ciertas canciones; y eso también es un reto y una antiacomode.

Da la sensación, por otra parte, de que, en este disco, a Rulo no le ha importado reflejar de forma patente tus influencias, algo en lo que quizá antes se cortaba un poco más.

Sí, tienes toda la razón. Yo siempre he citado a mis diez o doce cantantes de cabecera, son el top ten de la gente a la que admiro. Al ser yo de una generación posterior, siempre les he rendido pleitesía y les he investigado, porque creo que es de justicia. Entre ellos había gente que yo mencionaba, que habían sido muy importantes para mí y una fuente de inspiración, pero musicalmente como que no lo había demostrado... Hace ocho años decía que no tenía complejos, pero me he dado cuenta de que los tenía; ahora tengo 33, digo que no los tengo e igual dentro de 50 años hago una majarada de música y digo que también los tenía ahora. Pero sí creo que ahora tengo menos complejos. En este sentido, desde la inconsciencia tan grande de dejar una banda tan grande en el momento en el que lo hice, que hasta mi familia me decía que no lo hiciera, que era una locura, desde que me dejé llevar muy por el corazón y por las corazonadas, volví a sonreír y me salió sorprendentemente bien. Yo estoy contento con lo que hago. Con Señales de humo parecía que me iban a llover palos por todos lados y no fue así, salvo una parte muy minoritaria, a la cual respeto, y cada uno por su lado. Pero en ese sentido, ganas en autoestima y en autoconfianza.

“El tiempo le ha sentado bien a mi pequeña cicatriz”, dices en Mi pequeña cicatriz. ¿Qué sería del rock and roll sin las cicatrices?

No habría rock and roll. El rock no son los tópicos chulescos y de mamoneo. Eso lo aprendí mucho de Los Suaves, un grupo que hacía un rock más duro que el mío y hablaban de sentimientos. En este sentido, nunca he tenido complejos y me he mostrado como soy o como siento. El rock and roll no solo es pose de soy duro, soy guay y mira nena; el rock tiene que hablar de sentimientos también.

Parafraseando otra de las canciones nuevas, ¿quizá Señales de humo fue el “aterrizaje de emergencia de un loco buscando el mar” mientras que en éste último trabajo todo ha sido más cuerdo?

Sí y no. En los dos ha habido mucho curro y mucha autoexigencia porque no nos vale ni nos late cualquier canción. Pero, por otro lado, en el primero sí hubo más carne cruda y más desequilibrio en el momento de hacerlo, mientras que en este hay más serenidad. De hecho, yo suelo decir que el primer disco es muy viajado, con muchas canciones hechas fuera de Cantabria; y fue así porque cuando te divorcias de una cosa, en una ciudad muy pequeña, siempre estás todo el rato hablando de lo mismo... Y, al final, para componer hay que tener cierta concentración, aunque parezca que no, y por eso se sucedieron las escapadas fuera. En este disco ha sucedido todo lo contrario, ya que más de la mitad está compuesto en Cantabria; he hecho viajes a título particular, a los que llevaba el cuaderno, pero no he escrito nada. En este sentido, sí es cierto que el primer disco fue más aterrizaje.

Casi resulta obvio, pero Especies en extinción es un disco que está especialmente marcado por el desamor...

Es marca de la casa. A mí me gustan más las canciones de ruptura y desencuentros, no solo sentimentales, que las de encuentros. Pero también está la de A solas, la última que compuse, que la he subtitulado, en lugar de la que nunca será o lo que no pudo ser, la que ojalá fuera. Pero sí es verdad que me siento más cómodo en este tipo de traje o de canción; las canciones más desgarradoras de los grupos son las que más me llegan. Y extrañamente, las que mejor me hacen sentir; es un rollo un poco masoca. Pero es algo que el público también me dice, que mis canciones les hacen sentir bien. Cuando a mí se me tachó de cantautor rockero de canciones tristes, yo siempre defendí que es diferente la tristeza de la melancolía. Pero, por otra parte, Enrique Urquijo, que iba más por el lado de la tristeza, a mí, en los días en que yo estaba triste, sus canciones me hacían sentir que te cagas. Y yo me preguntaba por qué cojones sucedía eso, era algo inexplicable.

Al hilo de A solas, esta canción, que entró en el disco cuando ya estaba prácticamente cerrado, ¿es el ejemplo perfecto de que la música no se rige por normas definidas, que prima el instinto?

Cuando estábamos grabando, y después incluso, cada vez que mandaba un mail a la banda, Txarli (batería), que es súper serio pero el más cachondo de todos, me decía: “Rulo, por favor, más temas no” (risas). Sucedió que con uno de los temas, que ahora solo va a salir en iTunes, Esperando el anticiclón, toda la banda estaba súper contenta con la canción, pero a mí, sin que me chirriara, de hecho iba a ir en el disco, había algo que no... Y de hecho, cuando terminamos de grabar las bases, Javi no desmontó la batería sabiéndolo, y luego me dijo: “Eres un capullo, ya sabía que ibas a venir con una canción”. Y es que me fui a casa una semana, y volví al estudio con tres canciones. Aunque yo confiaba, y en cierto modo sabía que iba a ser A solas, les toqué las tres a la banda y todos coincidieron en ella. Así que la montamos en nada, porque es muy cruda, y ahora es una de mis preferidas.

Manerasdevivir disfrutó de una pre escucha del álbum antes de que pasara por las manos de Joe Blaney para las mezclas. ¿Cómo ha resultado la experiencia?

Muy bien. La verdad es que nosotros no somos mucho de delegar ya que nos gusta estar muy encima de las cosas. Pero era una apuesta mía, lo hablé con Warner, dijeron que seguro que lo podía hacer... Al final tenía un poco de miedo, porque se trataba de dejar las canciones en manos de otro... Pero entonces Txarli me decía: “Pero Rulo, pero si Blaney solo ha hecho rock and roll, no se lo va a llevar a Lady Gaga o a alguna marcianada de esas”. Pero el miedo estaba ahí. Él lo mandó todo por Internet y eso nos daba la tranquilidad de que, si no nos gustaba, a las segunda canción rompíamos y los hacíamos todo Javi y yo, ya que teníamos margen. Pero mandó la primera, nos encantó; mandó la segunda, y también nos encantó. Hicimos algún pequeño retoque, pero, en general, he quitado cosas que nosotros hubiéramos hecho, pero nos ha puesto otras. Se nota que ellos son los que han inventado esto, y me gusta mucho mezclar el rollo de aquí con el toque americano que le da Pati con las guitarras y, en este caso, la mezcla de Blaney.

La flor es la canción más arriesgada de esta colección de especies, tanto por su duración, más de seis minutos, como por el hecho de que casi nos encontramos dos canciones en una.

La flor y El vals del adiós son las dos canciones menos estándar. De ahí que la única pega que tiene la premisa de que no fueran iguales las canciones, es que hoy en día, que todo el mundo tiende a etiquetar, si oyes solo una canción no te vas a hacer una idea de lo que es el disco. Si escuchas El vals del adiós, dirás que el Rulo se ha vuelto majara; pero si escuchas La flor, te preguntarás qué coño ha hecho este, todo canciones de seis minutos; y oyes Buscando el mar pensarás que todo son medios tiempos rock. De la misma manera que Buscando el mar y Divididos son las dos más comerciales o para todos los públicos, llámalo como quieras; El vals del adiós y La flor son las más arriesgadas y diferentes. Pero La flor tiene algo que creo que la va a convertir en una canción importante en el transcurrir de la banda y de los conciertos, y fíjate que es una tema de 6.10.

La verdad es que nos podemos imaginar a Rulo en situación de componer todas las canciones de este disco excepto El Vals del adiós, ¿cómo llegaste a ella?

Tiene un rollo que recuerda, como me decía Miguel, de Warner, que a Enrique Urquijo y los Problemas, con ese aire tabernero. Yo, cuando la compuse, sí que le vi un aire bunburiano, pero hasta que Miguel no me comentó lo de Urquijo, no me di cuenta. Por otra parte, al no tener un éxito masivo con el primer disco, en plan de vender 200.000 copias o llenar cuatro palacios de los deportes, no quedamos cautivos de ese éxito, que a veces provoca vértigo y te lleva a repetir el mismo disco; algo que por otra parte se entiende. Pero en este caso, como no paso eso y este es un proyecto nuevo al que no le he puesto ningún corsé y en el que yo decido cuanto de estrecho o de ancho es, sientes mucha libertad y ganas de aprender. Enredando con estas canciones aprendes a vestir otros tipos de canciones, como el blues, que al principio nos salió muy parado y que luego como rockerizamos o rulerizamos más. Y, por otra parte, Iñigo (Argomániz, director de Get In), me propuso componer para otra gente, y acepté el reto. Y eso todavía me ha hecho abrir más el cerebro sabiendo que, si se me va mucho la olla, se la paso al alguien. Lo que pasa es que luego te salen canciones como el vals y te preguntas a quién le vas a pasar eso, y te la quedas para ti, seguro. Al final no le he dado canciones a nadie porque las que me han molado me las he quedado para mí y los bodrios que he hecho, por respeto a todo el mundo, no se las voy a pasar a nadie.

Aunque suene cursi, como dices tú, ahora que ya tienes el disco definitivo entre las manos, ¿Rulo se siente feliz?

Pues sí, tío. Hay dos vallas a saltar. La primera es alta, porque somos autocríticos y yo tirando a lo obsesivo, y es que nos guste a nosotros el disco. Es una liberación terminar un disco y ver que realmente te gusta, ya que es año y medio de subidas y bajadas, una auténtica montaña rusa. Y la segunda valla es la del público, que es el juez último. Estos días en los que no sabes qué va a pasar son maravillosos, porque nadie sabe si un disco cuaja o no o si la gente lo va a hacer suyo o no. Pero aquella mi primera valla es la que me reconcilia conmigo mismo, porque yo siempre digo que a la cama no me voy con la persona que compra un disco sino conmigo mismo. Ese nivel de autoexigencia lo tengo ahí y hace que, no se sí le gustará a la gente o no, pero me ha hecho dar todo lo que he podido, es desfonde es absoluto. En este sentido, la felicidad es un momento puntual del día, casi más que de la vida. Decir que eres feliz es arriesgado porque la felicidad es muy efímera, dura muy poquito. Pero sí estoy muy contento, y eso es algo que se acerca mucho a lo que puede ser estar feliz. Antes de hacer el disco, yo ya lo tenía en la cabeza, pero hasta que lo he conseguido, me ha costado muchísimo. Ahora lo lanzas al aire y recibiré los palos o los halagos, pero siempre con la sensación de que esto era lo que queríamos hacer, y lo defenderemos encima de una caja de cocacolas o en un garito con 20 chinos que no entienden ninguna de las letras, por decirte una burrada de las que decimos los del norte. Pero así es.

Portada de Especies en extinción

Escucha un avance del disco en Spotify.



Las canciones

  • 1. Al infinito
    Muy sabinera, recuerda mucho al tema 'Amor se llama el juego'.
  • 2. Divididos
    El single, destacan los detalles de cuerda, tiene cierto toque Dylan.
  • 3. El prota
    La más fuguera, con unas baterías marca Arancegui, de esas que quitan el hipo. De las mejores letras del disco.
  • 4. Buscando el mar
    Musicalmente, destacan sobre todo el bajo y las guitarras, sin olvidar de nuevo algunos detalles de las baquetas. Como curiosidad, cuenta con estrofas en menor y estribillos en mayor.
  • 5. A punto de colapsar
    La tarantino, según Rulo, recuerda al Heroína de Los Calis, ya versionado por La Fuga, pero con diferente velocidad.
  • 6. A solas
    La última en llegar al disco. Con coros de Airam Etxaniz, es muy Extremoduro. Sencilla pero con un solo de guitarra abrumador.
  • 7. Mi pequeña cicatriz
    Presenta a un Rulo feliz, que experimenta con los acordes.
  • 8. El mejor veneno
    “Noches de desenfreno, mañanas de Ibuprofeno”. Rock and roll.
  • 9. La flor
    El peso pesado del disco. Más de seis minutos. Dos canciones en una.
  • 10. Amor en vena
    Una letra corta pero muy intensa, el tema más pop.
  • 11. El vals del adiós
    Impresionante dúo con Bunbury. Acordeón, armónica y mucho regusto a taberna de madrugada.


Enlaces

Web Rulo y La Contrabanda

Facebook Rulo y La Contrabanda

Twitter Rulo






El texto de esta entrevista está protegido por una licencia permisiva BY NC SA de Creative Commons. Enlace a este contenido: http://www.manerasdevivir.com/entrevistas/2012/rulo

Las fotos son propiedad de Warner Music Spain

Buscador
Publicidad
Publicidad en Manerasdevivir.com
Banner Rock CD
Banner La Fuga y Los Suaves

Banner Ciclonautas

Portada del nuevo número de la revista Rock Estatal

Banner Pendejo

Trogloditas

Banner Breaking Bar


Alquler de furgonetas

Banner Canibal Producciones

Villa de Bilbao

Festival Rivas Rock