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José Ignacio Lapido. Vueltas de tuerca que asesinan el tiempo

Mayo de 2013. Por Kike Babas y Kike Turrón

Lucido cronista de los tiempos que le toca vivir, y por ello obligatoriamente amargo y desesperanzado, José Ignacio Lapido regresa a las tiendas de discos con “Formas de matar el tiempo” séptimo trabajo en solitario del granadino -que tiene en su haber otros tantos discos en estudio con 091 como guitarrista y compositor-. Su nuevo trabajo, como los precedentes, viene preñado de bellas y poderosas metáforas que nunca acaban de saber del todo a derrota, o quizás sea solo la sensación de que la derrota sabe mejor mojando los labios en la copa de una buena canción. Y así, Lapido rocanrolea con oficio de clásico y cubre de nuevo un expediente que, inexorable tras treinta años de faena, sigue puntuando al alza.

Hacer un disco nuevo es otra forma de matar el tiempo.

Lapido: El disco es el trabajo del último año y pico desde que empecé a componer hasta grabarlo. Para mi es una ardua labor pensar y trabajar en cada disco. Cada canción tiene su historia pero, buscando un nexo común, sería la influencia de lo material, de lo que me rodea, pasado por un filtro surreal, pues hay un matiz onírico que prenda todos los textos. Hay un poco una lucha entre lo posible y lo imposible, eso está ahí, flotando siempre.

Un trabajo que ahonda en tu manera de hacer.

Lapido: Sí, ahonda en la forma, llevo muchos años, eso está ahí, pasar por el filtro surreal los acontecimientos del día. Está el desencanto vital, como siempre, la visión un poco pegada a ras de suelo, de la triste realidad que nos rodea, pero hay un leve batir de esperanza en mucha canciones.

¿De utopía?

Lapido: No, si no de ponerme en el plano de que uno no puede encerrarse en la desesperanza total. De buscar esa pequeña rendija, pequeña luz a la que agarrarse, que entra por la puerta entreabierta, si no, no tiene mucho sentido continuar.

Sin embargo a la tristeza le sacas partido, líricamente hablando.

Lapido: La tristeza es un tema de primer orden, no solo en mis letras, si no en el arte en general, de algo triste se puede crear belleza… creamos belleza y algo que emocione al que va a disfrutar de la obra. Los clásicos de la pintura muchas veces se basaban en escenas bíblicas que eran terribles, martirios, crucifixiones y, a partir de ahí, creaban algo bello. La realidad que nos toca vivir no es como para entonar pastoriles, pero a partir de ahí se puede crear belleza, sin duda alguna.

¿Marca este disco alguna diferencia estilística con lo anterior?

Lapido: No soy de dar bandazos estíticos, no soy nada dado a eso. Me gusta una música determinada, sería absurdo meterme en terrenos en los que no me voy a sentir a gusto. Me siento a gusto en este tipo de música que tiene sus raíces en el rock que se hizo en los años 60 y 70 y, a partir de ahí, ahondar en mí estilo, una vuelta de tuerca más. Uno intenta hacerlo cada vez mejor: cuidar mucho la composición, que queden canciones que puedan sobrevivir dignamente al paso del tiempo. El título de álbum es lo que anuncia, no solo forma parte de una polisemia, de una expresión: matar el tiempo como forma de entretenimiento cuando no sabes muy bien qué hacer, si no que anuncia formas de asesinar el tiempo, de la lucha contra el tiempo físico.

¿Y la lucha contra uno mismo? ¿Qué cada nueva canción suene nueva?

Lapido: Es difícil, a mi me resulta cada vez más difícil, son muchas canciones en muchos discos las que ha hecho uno, el miedo a cantar lo ya cantado está ahí presente siempre. Pero también hay formas y matices, y un poco las canciones que van surgiendo te van dando la clave para no caer en la repetición. Además el oficio hace mucho, juega… hay trucos de oficio a la hora de encarar un trabajo nuevo.

A la hora de poner el disco en las tiendas también hay oficio.

Lapido: Qué remedio, no queda más, es un oficio paralelo, empecé en el 2005 a llevar las riendas de mi discografía, a hacer mi sello, Pentatonia, y también eso se aprende, qué duda cabe, uno sabe cómo hacerlo un poquito mejor en cada lanzamiento, que todo esté a tiempo, que no haya fallos… Al fin y al cabo soy músico, pero la gente compra un disco y no mira si es autoeditado para perdonar errores: portada, fotografía y todo eso tiene que estar al máximo nivel.

En los últimos años a tu nombre le suele preceder mucho la coletilla de “maestro”… algo muy del Sur por otro lado.

Lapido: El epíteto se utiliza en el mundo del flamenco, lo utiliza el cantaor cuando da paso a la falseta del guitarrista, eso la hacía mucho José Antonio García, el cantante de 091, que era muy aficionado al flamenco y me daba la introducción al solo con un: ‘Venga maestro, haz lo que quieras’. Una expresión muy flamenca, no sé si ha quedado a partir de eso o de que la gente realmente piensa que yo tengo algo que enseñar, que lo dudo.

Pues la última vez se lo he leído hace unos días a Eduardo Tebar en Efe Eme, cronista de alcurnia, y no era un deje flamenco…

Lapido: Se lo agradezco, pero las oposiciones a magisterio están cerradas, no convocan plazas. Estoy agradecido a la gente que lo utiliza y si realmente he enseñado algo a alguien pues mira… La verdad es que mi intención no ha sido sentar cátedra en ningún momento, he intentado hacer lo que he creído conveniente, manteniendo el punto de seguir mi propio criterio, respetar la opinión ajena, pero sin que mi labor creativa esté sujeta a otra opinión, esa es la mejor forma de presentarse ante el público.

Enlace a este contenido: https://www.manerasdevivir.com/entrevistas/2013/lapido

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