Texo de Txefo y Andoni Pititako. Fotos de Andoni
Algo tiene Durango que nos hechiza, sus gentes, su casco antiguo, sus
montes, sus bares, algún concierto… un lugar que tarde o temprano siempre
nos hace volver. En esta ocasión nos plantamos allí para acudir a la primera
edición del KaleraRock. Este festival nace como una jornada festiva en
defensa de los derechos de los presos vascos. Bertsolaris, txaranga, espacio
de actividades infantiles, hinchables, comida popular y un acto de la plataforma
Herrira completaban la primera edición de este KaleraRock.
Puntualmente, a la hora de la siesta, arrancó el festival de la mano de
Bizardunak. Estos navarros tuvieron la responsabilidad de abrir el festival y lo
hicieron a lo grande. Con un público entregado que coreaba las canciones, los
Bizardunak se montaron su fiesta en el escenario y la contagiaron a todo el
mundo.
Sin tiempo ni para echar un trago, según acabó Bizardunak comenzó Habeas
Corpus. Había ganas de volver a verles, la espera mereció la pena, no
defraudaron. Un fallo en las luces hizo que tocaran apenas sin iluminación
durante un par de temas. Los técnicos iban de un lado para otro revisando
todo y en suspiro estaba plenamente funcionando. Tras varios intentos de
mover el pogo, el público respondió. Con la canción Mano de Hierro Guante de
Seda, Mars organizó su clásico “wall of the dead”. Habeas Corpus dio un gran
concierto, siempre es un placer ver a esta veterana banda a la que seguimos
desde la adolescencia y fueron las primeras canciones “de esas de pensar” que
cayeron en mis manos.
Del tirón y con una presentación de lujo a cargo de Mars de Habeas, que
como un guiño, adelantó que el próximo disco de Betagarri sería un trabajo
de hardcore, saltó al escenario Betagarri. Otro grupo de la adolescencia al
que hacía mucho que no teníamos oportunidad de ver, parece que no era
el único ya que con diferencia fue el que más gente metió en el recinto. Los
problemas de sonido del primer momento quedaron olvidados según
se iba animando la noche. Sus temas se sucedían y la explanada botó
al uníoslo con el “Euskadi Antifaxista” en un concierto que queda para
recordar.
Acabado Betagarri quedaba todo listo en el escenario de enfrente para Vómito.
Un grupo clásico al que no hemos seguido bastante, pero que contaba con
bastantes incondicionales que disfrutaron del bolo. Nos quedamos un rato largo
y aprovechamos para darnos un parón, comer un bocata y echar un merecido
trago.
Para mí, la gran sorpresa del festival fue Ze Esatek!. No les conocía de nada,
y me sorprendieron con un directo lleno de energía. Los dos cantantes, los
guitarras, el bajo, los vientos… nadie paraba de moverse, hasta el batería
se levantaba del taburete. A destacar la canción que dedicaron a “La Oreja de
Van Gogh” por la pasta que van a cobrar por ser “embajadores de Euskadi”,
y la colaboración que se marcaron con ellos Xavi, Miquel y Xabi Arakama de
Obrint Pas, que le puso una pincelada de color a un concierto que acabó con una versión ska del “Satisfacción” de los Rolling que me dio para sonreír una
semana.
Y para contrarrestar la gran dosis de ska y trompetas de Ze Esatek! estaban
Des-Kontrol. Los de Arrasate, viejos conocidos de los escenarios euskaldunes,
volvían a Durango sin nada que demostrar, ya que desde los primeros acordes
estuvieron acompañados de un público entregado. Armados de sus afilados
instrumentos fueron atacando con temas que ya podíamos catalogar como clásicos, incluso una versión de NOFX. En resumidas cuentas, ¡actitud y
Punk&Roll!
A estas alturas ya habían aparecido las primeras banderas esteladas. Obrint
Pas volvía a Durango. La gente se apretaba contra la valla, nadie se lo quería
perder. En esta gira les he visto varias veces, y aún me pone la piel de gallina
la intro que usan en los conciertos. El bolo arrancó, a pesar de la expectación
la gente tardó en entrar en calor, pero finalmente la explanada acabó saltando
y disfrutando. El concierto pasó en un suspiro. Me encantó la especial
intensidad con la que la gente cantó “La Flama” y no recuerdo más que haberlo
pasado genial saltado como un niño.
Y esto es lo que dio de sí el festival, el resto lo cuentan las fotos. A las 3 de la
mañana en el adyacente Plateruena Kafé Antzoki cerraban la noche Trikizio,
decidimos recoger los bártulos y marchar a casa tras un largo y satisfactorio
día.
Seguro que volveremos el año que viene, ¡tarde o temprano volveremos a
Durango!