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04 de Julio de 2009 | |
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Relatos :: Kike Babas
Inédito
De tú a tú Cuando hablo con alguien tengo por costumbre mirar a los ojos. Como de tantas otras cosas, no sé el porqué. Quizás por la impresión de pensar que mis palabras se revisten de mayor credibilidad y firmeza. Quizás por ver en el momento las reacciones que mis palabras crean en la otra persona. Por escuchar. Sea como sea. Al follar, en cambio, no siempre sostengo la mirada, bastante desnudo me quedo como para desnudarme aún más, no siempre se folla con quien apetece desnudarse. Por contra, si con quien me acuesto me gusta o incluso me enamora, bucear en ciertas profundidades es una gustosa obligación. También miro a los ojos -si no estoy en Babia- cuando me cruzo con la gente por la calle: en las aceras, en sus coches, en el autobús, en el metro. A la policía y a la guardia civil no. A ellos no puedo mirarles a los ojos, no debo. No tanto si les hablo como si paso delante de ellos. Reconozco que me da cierta rabia, una ligera frustración por tener que desviar la mirada ante lo que se desprecia. Pero ahí mi credibilidad queda a la altura del betún, soy, automáticamente, a un roce de mirada, un individuo parable. No me produce halago el poder de ésta mi mirada. Ninguno. Sé la reacción que causa en la otra persona: deme su documentación, deje los objetos que lleve en los bolsillos ahí encima, le vamos a cachear. Tantas y tantas veces. Esta vez, en el aeropuerto de Mallorca, ni mirarles precisé. Nos venía cubriendo la ilusión de tocar en la isla, de coger un avión, de liarnos la manta a la cabeza con los del Loco Circo, de tocar en la plaza de toros de Alcudia. Nunca antes habíamos tocado en un coso taurino. Este, aunque pequeño, luce su provinciana y lustrosa parafernalia de charanga y pandereta, de ensaimada y sandalias. Con su banda rojigualda rodeando por dentro la plaza, con sus ordenanzas, que nada tienen que hacer en el concierto más que poner mala cara y cuchichear con los municipales. Samur y todo. Da más morbo cantar la gallina, pasearla, en un sitio tan recio. Pero por ahora en las dependencias policiales del aeropuerto de Mallorca un picoleto me está mirando directamente al ojo. Al ojo del culo. Descamisado, con los pantalones bajados hasta los tobillos, descalzo, un tipo me escruta el bulla... ¡frutal! Está buscando droga y no parece demasiado entusiasmado con el curro, pero lo hace a conciencia. Con porcina eficiencia ha registrado la ropa y las botas, le ha echado un vistazo al ojete. En cierta forma sé que mi ojete le está manteniendo la mirada de tú a tú, una mirada que le dice: chupa mierda, cabrón, no te vas a comer nada. Fuera del cuartito, en ese mostrador que en cada aeropuerto tiene la benemérita para registrar equipajes, está esparcido todo el contenido de mi macuto: la ropa, el libro, el neceser, la toalla y el bañador. Hay poca hostia, así que poco les ha costado registrarlo concienzudamente dos veces. Pero husmean y husmean, convencidos de que algo hay. Yo, antes de que mi ojete y sus ojos se encontraran en el cuarto a solas, había estado sentado en el mostrador observando sus diligencias, el frenético dale que te dale, perro busca presa, palpando todo, tactando arrugas insospechadas en los calzoncillos, dobles forros en los calcetines, bultillos sospechosos en la caja de las lentillas. Hasta las costuras del macuto han sido celosamente revisadas, dando fe del buen trabajo que hizo el zapatero de mi barrio la última que vez que llevé el macuto a reparar. No habiendo nada, la acción toma un cierto cariz divertido, me siento relativamente seguro. Tal vez por eso sonrío pícaro a los viajeros de los otros aviones, turistas que pasan delante nuestro y fingen no ver nada, aunque mi mirada y mi mueca les insisten, "wellcome to Mallorca, a place plenty of sun, a place plenty of pigs". En el cuarto de enfrente, con otro husmeador jodemadres, está Kike Turrón, al que imagino le estarán intentando ver la campanilla de la boca desde el agujero del culo, prueba irrefutable de que entonces no lleva drogas. Paradójicamente será en un pequeño agujero negro donde acabará este festival, un agujero con dos salidas, un pequeño túnel. A pocos kilómetros de Alcudia, con la mañana bien entrada en la playa y sin apenas drogas, con un xirimiri empapándolo todo dotando al paisaje de brumosa belleza, con ese mar siempre calmo y el bosque de pinos a pie de playa. Allí nos encontraremos los supervivientes de la noche, refugiándonos de la lluvia en ese pequeño túnel incrustado en la playa, muy cerca del albergue que nadie quiere visitar. Arramblando con la priba que nos trajimos de las barras del festival, compartiendo los escasos restos de pichu y emedemea, medio centenar de náufragos apretados en el hueco partiéndonos la caja. No hay música pero todos fingimos que la oímos, es el mejor after hours que hemos pisado en nuestras vidas, diez metros cuadrados con dos o tres ambientes y barra libre. Prietos al calor de nuestras propias risas hemos hecho una pequeña familia de muevemandíbulas carentes de sueño; aparte de King Putreak y The Vientre, está la gente de Maniática, que han sido los cabeza de cartel del festival, están los propios organizadores del Loco Circo, están unos cuantos que están. A quinientos metros el albergue campero de monte y playa, se acerca la hora de abandonarlo y esta noche aún no hemos llegado a utilizarlo. Tan buena es la música, tan baratos los precios. Pero aún queda un día para eso, ahora estamos en el cerdo no te comes nada. Y es que fueron directos a por nosotros nada más recoger el equipaje, ni documentación nos pidieron, me esperaban. Ellos mismos me dicen con exultante orgullo que miran los antecedentes penales del pasaje de cada avión. Está claro, canto fijo. Tú has estado detenido, dice el ibérico y porcular Sherlock Holmes sabiendo de sobra la respuesta, ni respondo, me pregunta el porqué y cuando le miento me dice exactamente la cantidad de droga incautada en la jugada de Guadalajara. De hecho es por ese dato que tienen la seguridad de que algo intento meter en la isla. Me cago en sus muelas pensando en sus putos ordenadores, con mi foto y mis marrones expuestos a cualquier avispado de éstos. Me recreo pensando en algunas nucas, otra cosa no me queda. La bienvenida no acaba aquí, al chaval que nos ha venido a buscar -para llevarnos al albergue de Alcudia, a cincuenta kilómetros, donde están el resto de miembros de King Putreak y de The Vientre, donde nos ha de dar tiempo a una ducha rápida antes de probar sonido- un policía se le ha llevado el coche de alquiler porque le faltaba no sé qué papel, directo al deposito de vehículos del aeropuerto hasta que se pague la multa precisa. Al parecer el chaval mantuvo la mirada del uniformado. De tú a tú. Este relato aparecerá en libro de relatos cortos de inminente aparición, "Jirón" (editorial La Lista Negra) de Kike Babas. |
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