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Cada día me duele más partirme el pecho
17 de Marzo de 2010
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Relatos :: Kike Babas

De alfileres y jarreones

A mediodía nos vamos reuniendo en el Stop, el bar del barrio. Bruno, el guitarrista, viene contento y para demostrarlo arrefrota su miembro contra nuestras piernas. Los perros, cuando están contentos, menean el rabo, Bruno se lo saca y te lo frota. Fredi, el batería, acaba de salir de currar, es chico-para-todo en una piscina municipal y el único de nosotros que tiene un curro "de verdad", se come el bocadillo apoyado en la barra, ha salido algo quemado del trabajo y no le hace ni puta gracia que Bruno le restriegue el capullo por la rodilla.

En lo que yo deslizo un disimulado billete para cogerle a un amigo un saquito de no dormir, ellos dos ya se están insultando con alevosía y desgañitamiento. Vaya, los The Vientre salís de concierto otra vez, sonríe con picardía y complacencia Johnny, el ultimo de los camareros que ha tenido el bar en sus catorce años de existencia. Cholo, el bajista, se encoge de hombros e invita a su amigo Tinín a que se una a la excursión, que total es ir, tocar y volver, cosa de un día.

Habíamos empezado esta última gira pagando menús de carretera y furgoneta de alquiler. Todo un lujo. Pero las cosas no se han desarrollado todo lo bien que hubiésemos querido. Cierto que nos hemos presentado en Ponteareas, Bilbo, Beasain, Segovia, Bueu, Nou Barris, Pamplona, Eibar, Madrid, Tui y unas pocas localidades más, la rula está hecha, pero la verdad es que hemos ido acumulando deuda bolo a bolo.

Así que nos ha tocado la vuelta al bocadillo al por mayor y a pedir favores a los amigos con furgoneta. Cáceres es el ultimo concierto de The Vientre en la mini girilla veraniega que nos hemos montado en casa a golpe de teléfono. Al volante Placi: furgonetero de oficio, con familia extremeña y amigos en la ciudad, entrañable colega que ya le ha tocado salvarnos el culo en más de una ocasión. Su furgoneta es una nueve plazas lenta y servicial, prima lejana de una carraca de feria y con más carretera que un mercadillo ambulante. Una puta vieja y desdentada que conoce perfectamente todos los trucos para hacerte llegar hasta el final. Eso sí, si te meas aguanta que no para dos veces.

Dos rondas de bocadillos, para comer y cenar, queso y chorizo, tomate y jamón, que cada cual escoja su menú. No hay otro. Para postre dos gramos de speed. Condimento imprescindible para el viaje de vuelta. Bueno, y para el viaje de ida, la prueba de sonido, el antes y el después del concierto, el durante.

El viaje desde Hortaleza, cuando menos, animado. Han sido ya unos cuantos fines de semana juntos para tenernos pillados el truco del chiste fácil y privado. Muchos años conociéndonos como para no saber de que pie cojeamos cada uno. Siempre con tiempo sobrado para el insulto y la bravata, que para eso estamos en familia. El sol ajusticia y las cervezas se vacían antes de calentarse. "¿nos ponemos otro tirito antes de llegar?..."

Llegamos a la puerta del Belle Epoque con intención de descargar, es la primera que The Vientre vamos a tocar en esta ciudad, pero no es la primera vez que los componentes del grupo hemos tocado aquí: ya hemos venido con Huevos Canos y con King Putreak. La primera en la frente, el concierto está anunciado para mañana viernes, no para hoy, Jueves. Se buscan culpables, todos silban mirando para otro lado. Yo silbo más fuerte que ninguno, pues soy el encargado de cerrar los bolos.

¿Qué coño hacemos en una ciudad un día antes del día del concierto? La respuesta es rápida: la agarramos fina hoy y a dejarlo estar hasta mañana. Yo tengo un par de tripis, comenta Bruno entre susurros. Yo de tripi no os aguanto, sentencia Fredi.

Yiyo, encargado de la Belle Epoque, atiende a razones y, tras echarnos amistosamente la culpa el uno al otro sobre de quien ha sido el error de la fecha, nos da unos cuantos euros para que pasemos ese día. Lo de dormir ya lo apañamos con colegas, que para eso hemos venido más veces a la ciudad y tenemos contactos. Buenos contactos, además.

Ya somos como los Stones, dice alguno, que siempre llegan un día antes del concierto a cada ciudad para ir aclimatándose y hacer un poco de turismo. Y a reírnos, que no queda otra. Y a aclimatarse, que ya sabemos quien tiene pastillas. Y a hacer turismo: y nos comemos los bocadillos en "el parque de los yonkies", que nos entretienen con sus múltiples y variados sketches: el numerito de los dos que siempre están apunto de pegarse, el del que esconde el loro de coche entre los arbustos, el del que nos pide una y otra vez que le demos de nuestro litro de birra que promete no chupar...

Pasamos la tarde en la Luna, entre el water y la barra, amanecemos al mediodía del día siguiente. Tenemos que hacerlo en casa de los colegas, pues la Madrila está quemada y el alcalde "pepero" ha vuelto a ganar por mayoría. Caceres, a golpe de calzador y multa, ya es Europa.

A la tarde probamos sonido. A la noche, para medio centenar de personas, sudamos la camiseta en el Belle. Nosotros se la mamamos por igual a un hardcore que a una rumba, a un rock'n'roll callejero que a un tango. La versión de Tom Waits hoy quedó sentida. La chaqueta del traje acabó de nuevo pisoteada y empapada en güisqui.

Volvemos a pasear por la Luna antes de irnos. Después, en la puerta de un garito de las afueras que parece un antiguo tablao flamenco, Bruno comenta, yo aun tengo tripis... y, al darme el cartón de marras, se me cae en la arena... Y allí se acaba la gira. De rodillas. Escudriñando infructuosamente el suelo.

Esta ciudad se queda con algo nuestro. Volveremos.



Este relato pertenece al libro de inminente publicación, "Jirón", escrito en solitario por Kike Babas y editado en La lista negra.


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