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| Procedencia: | | Málaga - Málaga | | | | | | | Estilo: | | Rock Flamenco Fusión | | | | | |
Tabletom
Tabletom cumple más o menos 25 años. Uno menos desde la edición de su primer disco, dos más desde que empezaron los hermanos Perico y Pepe Ramírez y Roberto González a juntarse musicalmente sobre un escenario. En ese tiempo, cinco discos: Mezclalina (RCA, 1978), Inoxidable (NM, 1990), Vivitos... y coleando (Antequera Records, 1996), La parte chunga (NM, 1998), 7000 kilos (NM, 2002) y su nuevo trabajo, también con Nuevos Medios, Lo más peor de Tabletom. Nunca han tenido lo que se llama un éxito. De hecho, la canción que más derechos de autor les ha generado -Me estoy quitando, un homenaje a Camarón todo un himno en su ciudad: Málaga- fue conocida fuera del círculo tabletero gracias a que Extremoduro la grabó en el disco Agila. Eso sí, en su ciudad son una institución transgeneracional, epítome de la esencia de lo malaguita, extraña mezcla de una generación que buscó conocimento en las drogas, pero que no les gustaron tanto las carreras de caballos y en general, correr, cuando había tanta carne, letra, música, guasa, sol y sombra que celebrar alrededor. Una generación, entre los cincuenta y tantos y cuarenta y tantos, que heredó del pasado árabe de su tierra cierta capacidad de virtuosismo indolente, contemplación y mucha guasa.
Gente que en los albores del turismo aprendió a convivir con gitanitos, morenos, rubios -rubias, sobre todo-, moros, cancos y cristianos. Y que escuchaban mucha, mucha, música en los sesenta y setenta.
Vacilones, listos, individualistas, leales, jipis, canallas y fieles en la tolerancia del dios cáñamo: así los tabletones. Entre ciertos músicos que no han perdido la memoria, gozan de tanta simpatía como reconocimiento musical: Kiko Veneno, Raimundo Amador, Extremoduro, Carles Benavent, Jorge Pardo, Danza Invisible, Albert Pla alaban su autenticidad y de sus cualidades musicales: la voz única de Roberto, guitarras virtuosas, contundencia, metales a lo Morrison, letras divertidas e irónicas...
Ahora, cuando acaba de salir a la calle su 7000 kilos, el disco mejor producido de su peculiar carrera discográfica, y Nuevos Medios medita si remasterizar los anteriores, resulta que están llenando sus conciertos. El día 13 de julio los espera el Espárrago en Jerez. Esta tarde nos vamos a sentar a charlar en una tetería con Perico -compositor y guitarrista del grupo- y Roberto González, Roberto. Falta Pepe, el tercero.
-Bueno, Pepe no viene, ¿pero vendrá Roberto, Perico?
-Yo lo voy a llamar a ver si lo localizo. Coño, que tiene hasta un móvil...
Lo nunca visto. Antes de la hora, ya está Roberto allí, con una amiga. Su Mahou sobre la mesa. Una chica al otro lado que podía ser su hija, que también es amiga de la señora Mahou. Roberto es el alma de Tabletom: gurú malgre lui, activista cannabinófilo, buena gente, amante de los juegos de palabras, letrista inspirado y un cantante imposible al que más de dos veces no han querido dejar entrar en los hoteles cuando la banda iba de gira por sus pintas.
Para entendernos, Roberto es a Málaga lo que Silvio era a Sevilla. Ya he escrito en otras ocasiones que su apariencia es una mezcla entre cartonero y personaje de Tolkien. Metro cincuenta, barbas canas y engreñadas, perfil de alcayata, vacilón, media dentadura olvidada en el camino, una nariz imposible, risa franca y un manojo de grajos entre los pólipos vocales, que parecen patrocinados por el hermano canijo de Tom Waits. Se ha pintado las uñas a lo glam.
-¡Gary Glitter! ¡Cómo lo sabe...! ¿Tú sabes lo que nosotros tenemos? ¡Resistensia!
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